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martes, 19 de agosto de 2008

Three times, de Hou Hsiao Hsien


Titulada aquí como Tiempos de amor, juventud y libertad, Three times (Tres épocas), es una impresionante película de 2005 del talentoso cineasta chino-taiwanés Hou Hsiao Hsien. Tres historias de amor en diferentes períodos del siglo XX (1996,1911,2005) se desarrollan en Taiwán. El tema más universal es tratado aquí con una gran inspiración narrativa y visual. Si ya en Café Lumière el director chino hacía gala de un virtuosismo escenográfico increíble, aquí da una vuelta más de tuerca y produce una serie de imágenes, luces, contextos, colores, silencios,... que te dejan con la boca abierta -estuve todo el rato diciéndome "¿otra vez?, ¿otra vez?", qué planos, qué belleza, sobrecogido como un insecto insignificante ante la manifestación gloriosa de una mariposa multicolor dispuesta a engullirlo. Los diálogos son mínimos -de forma que reflexioné sobre el tiempo absurdo que estuve esperando hasta conseguir la versión subtitulada, realmente no hubiera hecho falta-, Shu Qi está absolutamente genial en sus papeles -aunque aquí no soy muy objetivo, ya que soy fan de esta actriz desde que vi Millenium Mambo, del propio Hou Hsiao Hsien-, y la sensación que me abordaba durante la visión de la peli era la de "esto es cine, ¿tan difícil es de reconocerlo?". El segundo relato quizás sea el más comprometido artísticamente ya que está orquestado como una antigua peli muda (transcurre en 1991, en una casa de citas) en la que los labios de los actores se mueven sin pronunciar sonido alguno, para ser después "traducidos" en decorativos carteles subtitulados, y con una música de fondo embriagadora. El tercer relato nos retrotrae al mundo de la juventud descontrolada, tema que ya tratara en Millenium Mambo, pero aquí recurre a personajes incluso más complejos e infelices. Aunque la joya de la peli sea probablemente el primer relato, el que sucede en 1966 en una sala de billar, y en el que un enamorado busca a su amada por todo el país casi sin conocerla. Más que curiosidad tengo en ver El vuelo del globo rojo, la última peli de Hou Hsiao Hsien, una producción francesa de 2007 protagonizada por Juliette Binoche.

martes, 8 de abril de 2008

CAFÉ LUMIÈRE, de Hou Hsiao-Hsien


Hou Hsiao-Hsien nació en China aunque se trasladó a la isla de Taiwan cuando contaba con un año de edad. En su filmografía hay joyas como El maestro de marionetas o Millenium Mambo. Café Lumiére es su penúltima película, estrenada en 2004, y es un homenaje al gran director japonés Yasujiro Ozu. Es una obra muy poética con gran protagonismo de los encuadres fijos -los personajes se mueven a través de estos como producto de una ilusión- , la ausencia de primeros planos -a veces los rasgos de los protagonistas apenas pueden ser intuidos,-, el silencio de los personajes -parecen convivir con un mundo interior inabarcable e inabordable por el espectador-, y la luz -que parece atravesarlos. Rodada en Tokyo y con equipo japonés, el director taiwanés nos cuenta la historia de la joven Yoko -interpretada por la cantante pop japonesa Yo Hitoto- quien está escribiendo un libro sobre un músico taiwanés del siglo XX, ya fallecido -es magnífica la escena en casa de la viuda hojeando fotos antiguas del músico. La relación con su familia -tras una impactante noticia que determinará el rumbo de sus vidas Yoko vive como en una burbuja y su padre intenta desvincularse de todo, presentando un semblante esquivo y hermético, mientras que la madre intenta actuar de puente configurando una presencia familiar totalmente contrapuesta a la imagen propuesta de la juventud en Millenium Mambo-, con su amigo -que trabaja en un proyecto de ferrocarriles y graba los sonidos de los trenes por la ciudad y que está enamorado platónicamente de Yoko-, y con su pasado -vuelve a la estación desde donde ella partía hacia el instituto y evoca recuerdos casi milenarios-, hacen de Yoko -a veces parece preocuparle sólo la posibilidad de acabar trabajando en una fábrica de paraguas- el auténtico centro visceral de la historia. La joven busca un hipotético café donde acudía el músico taiwanés al que investiga -café Dat-, así mismo ella busca tranquilidad y sosiego en otro café con grandes ventanales -ninguno de los dos cafés se llama Lumiére-, y no me pregunten por el título porque desconozco la intención del mismo. En definitiva, una obra de gran belleza y plena de virtuosismo cinematográfico.