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jueves, 21 de julio de 2011

El Aleph (el cuento), de Borges.

El Aleph es el cuento que finaliza el volumen de relatos El Aleph (de 1945), aunque ya había aparecido en la revista Sur en 1941. Cuando ya estaba terminando de escribir este comentario vi que hay muchos análisis del relato en la red y realmente no sé si aportará nada nuevo, en cualquier caso, es mi interpretación del cuento.
Personajes:
El narrador: Borges, quiero decir también como personaje llamado Borges.
Carlos Argentino Daneri: el poeta y primo de Beatriz. Bibliotecario(?): "no sé qué cargo subalterno en una biblioteca ilegible de los arrabales del sur". Puede que su nombre provenga de una contracción de Dante. No sería la primera vez que Borges hiciera un juego de palabras con el nombre de Dante, ya en Historia del guerrero y la cautiva leemos: "al cabo de unas cuantas generaciones, los longobardos que culparon al tránsfuga procedieron como él, se hicieron italianos, lombardos y acaso alguno de su sangre -Aldíger- pudo engendrar a quienes engendraron a Alighieri ...-"). Daneri trabaja en un poema dedicado a la descripción de la Tierra.
Beatriz Elena Viterbo: la difunta amada del narrador (maravillosa referencia a la ciudad medieval italiana de Viterbo, donde estaba la residencia papal de verano, y a la Beatriz de la Divina Comedia de Dante).
Otros:
El padre de Beatriz: sin aportación al texto.
El abogado Zunni: defenderá a Daneri en el caso de la demolición de la casa. No se le ve el pelo, sólo se le nombra.
Los propietarios  Zunino y Zungri: dueños del bar contiguo a la casa de Viterbo y dispuesto a demolerla para ampliar su negocio.
Álvaro Melián Lafinur: posible futuro prologuista del poema Tierra si acepta el encargo que debe pedirle el propio Borges a petición de Daneri.
Juan Crisósoto Lafinur: propietario de la Biblioteca cuyo membrete figura en las hojas del bloc ("block", escribe Borges) de notas de Daneri.
Roberto Alessandri: primer marido de Beatriz Viterbo, de quien se divorció.
Delia San Marco Porcel: aparece en una foto en Quilmes junto a Beatriz Viterbo, no sabemos nada más de ella.
Villegas Haedo: un tipo que le regaló un pekinés a Beatriz Viterbo y con el que aparece en una foto.
Callejero:
Calle Garay. Donde está la casa de Beatriz Viterbo. Supongo que es la Avenida Juan de Garay.
Plaza de la Constitucion: donde Borges ve el cambio de un cartel de anuncio de cigarrillos el día de la muerte de Beatriz. Realmente la avenida Juan de Garay de Buenos Aires atraviesa esta plaza.
Bar -contiguo a la casa- de Zunino y Zungri.
Calle Bernardo de Irigoyen: por donde camina Borges cuando estudia las dos posibilidades: hablar o no con Lafinur. Por esta calle Borges regresa a su casa desde la casa de los Viterbo. Es una calle perpendicular que discurre hacia el norte. No sabemos donde vive exactamente Borges, pero es en esa dirección.
Caseros y Tacuarí: la ubicación del bufete del doctor Zunní.
Sinopsis.
Borges acude cada 30 de abril a casa de su amada muerta en 1929, Beatriz Viterbo. Allí -con la excusa de llevar unos libros (qué interesante hubiera sido conocer el título de esos libros)- departe con el primo y el padre de Beatriz. Esa visita se convertirá en ritual y servirá a Borges para recordar a su amada en el aniversario de su muerte, hasta que un año el primo de Beatriz, Carlos Argentino Daneri, tras presentarle el poema extraordinario que lleva a cabo titulado La Tierra, le confiará el encargo de dar con un prologuista para dicho poema. Más tarde el reencuentro de estos dos personajes nos conducirá al descubrimiento del Aleph por parte de Borges.
Bueno, otra sinopsis: hay un tipo que se llama Daneri que tiene una relación indirecta con Borges y que le termina confiando la existencia de un artefacto milagroso gracias al cual está escribiendo su poema increíble. Narración.
Escrita en primera persona por un tal Borges. Como en muchos cuentos de Borges el protagonista no es el narrador, caso de Pierre Menard, autor del Quijote, o de Funes el memorioso, o del Inmortal, o de tantos otros. Si bien a Borges le gustan los intercambios de personalidades y revelar al final del relato quién es realmente quién, no sé si éste es el caso, creo que no, aunque acabo de darme cuenta de que Daneri pudiera ser el narrador y Borges una figura inexistente, un recurso literario de metaficción.
Significado del Aleph.
Aleph es "la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada".
Daneri le dice a Borges que para terminar su poema  Tierra "le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Aleph".
Según Daneri: El Aleph -se encuentra en el sótano de la calle Garay, en el escalón 19- es "uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos". Esta definición nos aventura que existen otros Aleph.
También es "el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos". Esta idea nos recuerda a la idea de un lugar donde hay un todo, ya aparecido en la Biblioteca de Babel.
Según Borges: "En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor." Es una cosa pequeña: "El diámetro sería de dos o tres centímetros."
Un ardid literario nos ofrece una descripción fantástica: "Cada cosa era infinitas cosas".
Una de esas infinitas cosas es "un laberinto roto -era Londres-" (refiriéndose a un Londres destrozado ya por los bombardeos nazis en el momento de la escritura del cuento, 1941).
Creo que el significado del Aleph ha ido confundiéndose con el paso de los años. Por ejemplo, Rafael Narbona, en una crítica que publicó en un suplemento cultural del libro de Victor Hugo, "El promontorio del sueño" (Hugo) hacía una referencia al aleph como algo donde se encuentra todo lo que ha pasado, el presente y lo posible ("Ya no es la prosa del genio romántico, sino puro sonambulismo, que en algunos momentos  recuerda “el aleph”, ese pequeño infinito donde convergen lo actual, lo pasado y lo posible"), -por cierto, un libro que promete ser apasionante-, cuando el Aleph de Borges contiene lugares y objetos, no acontecimientos.
Reflexión sobre los prólogos.
Carlos Argentino Danire le confiesa a Borges su animadversión por los prólogos: "censuró la prologomanía, de la que ya hizo mofa, en la donosa prefación del Quijote, el Príncipe de los Ingenios. Admitió, sin embargo, que en la portada de la nueva obra convenía el prólogo vistoso, el espaldarazo firmado  por el plumífero de garra, de fuste." Entre príncipes literarios anda la cosa, Cervantes, Príncipe de los Ingenios, y Paul Fort, como veremos más adelante, Príncipe de los poetas, según Paul Valéry.
Es muy curioso este pasaje porque precisamente Stanislaw Lem escribió en los años setenta dos libros sobre prólogos imaginarios, quizás la suerte de prologación más aceptable desde el punto de vista creativo. Y -también precisamente- Lem cita como a uno de sus mayores influencias a Borges y sus bibliografías inventadas como, por ejemplo, Examen de la obra de Herbert Quain -si bien hay muchas otras no mencionadas en el ¡prólogo! de Vacío perfecto, obra del propio Lem, así la de Pierre Menard. En el encargo del prólogo para su poema La Tierra por parte de Daneri se produce un equívoco. Al principio Borges cree que Daneri quiere que sea él el prologuista. Sin embargo Daneri nunca ha pensado en él para esa misión, sino en Lafinur. Borges será simplemente un intermediario para ejecutar el encargo.
Yo siempre he pensado que hay dos tipos de prólogos, los que deben ir al principio de la obra, y los que deben ir al final. En Ficciones (El jardín de los senderos que se bifurcan y Artificios) -del que Borges dice en la entrevista A fondo que le "parece" que era un libro de cuentos-, hay dos prólogos, una para cada parte al inicio, pero en El Aleph hay un epílogo (de 1949) en el que dice algo muy escueto sobre cada cuento. De El Aleph dice: "En El Zahir y El Aleph creo notar algún influjo del cuento The Crystal Egg (1899) de Wells."
h-wells
El poeta comenta su obra.
Daneri lee unos versos de su poema tierra a Borges. Luego el propio autor realiza una interpretación de estos versos, una interpretación que nace en la posteridad de la creación, como otra fase -quizás la más importante- de la creación: "las virtudes que Daneri les atribuía eran posteriores". Esta idea me interesa mucho porque a partir de una obra mediocre -el poema de Daneri lo era-, podía emerger otra obra -de un estilo y talante diferentes- de gran calidad -al menos desde la rebeldía de su naturaleza-, y -aún desde la vanidad- la recreación de Daneri de sus propios versos resulta apasionante -en una suerte de prologación o de comentario, que bien podría existir sin la existencia anterior del poema, una pieza que podría encontrarse en Vacío perfecto de Lem.
Hace unos días pude ver la interesante entrevista a Borges del programa de TVE A fondo -ya la cité más arriba-, que data de 1976. En ella Borges digamos que cae en esa misma tentación a la que ya uno de sus personajes había sucumbido, es decir, la explicación de uno de sus versos. Me pareció un detalle tan enigmático como extraordinario. Borges convertido en Daneri -una pista procedente de la realidad 35 años después de la elaboración del cuento para revelar la verdadera identidad de los protagonistas-, en realidad, Borges convertido en uno de sus personajes -y no en el narrador, al menos directamente-. Incluso Borges alaba uno de sus versos: "Escoge la puerta, no el hombre", de la que el maestro dice es hueca, falsa, pero que está bien -lo dice con una sonrisa de satisfacción-. ¿Acaso Borges escogió ser Daneri o fue Daneri quien obligó a Borges a ser Daneri?
También en esa entrevista Borges "presume" de haber compuesto un poema en sueños, tal y como le ocurrió a Coleridge con el poema del palacio de Kublai Khan -cuyo plano fue así mismo soñado por el rey mogol-, un tema recurrido por Vila-Matas y el propio Borges en Otras inquisiciones. Borges modificó parte del poema soñado, hasta en sueños se cometen errores ("en la vigilia más", ríe Borges). Y este El Aleph tiene algo de onírico -como casi todo Borges, por otro lado-, sobre todo la visión final del objeto, aunque también la extraña relación establecida con el primo de Beatriz. Volveremos más abajo a los sueños, inevitablemente.
Otro día Daneri le leerá otras estrofas. Borges piensa: "Nada memorable había en ellas, ni siquiera las juzgué peores que la anterior", en lo que supone una devastadora crítica al poema de Daneri. Eran tan indiferentes las estrofas que ni podían ser consideradas como peores que la ya conocida. Es decir, no es que no fueran buenas, es que no eran ni malas, ¡no eran nada!
El poema La Tierra de Carlos Argentino Daneri.
Es una "descripción del planeta ("se proponía versificar toda la redondez del planeta"), en la que no faltaban, por cierto, la pintoresca disgresión y el gallardo apóstrofe." Se convierte en innegable la ayuda que del Aleph recibe el poeta para la confección de su mosaico poético-terráqueo.
Borges recuerda un único precedente parecido en el Polyolbion del siglo XVII del inglés Michael Drayton, subtitulado "A chorographicall description of all the tracts, rivers, mountains, forests, and other Parts of this Renowned Isle of Great Britain".
Pasaje de la historia de Robin Hood: drayton
Según Borges, Daneri padeció la obsesión de Paul Fort, el Príncipe de los poetas, autor del conocido poema La ronda (¿fue Borges quién padeció esa obsesión? otro indicio hacia la lectura de confusiones identitarias).
La antesala del Aleph.
En 1941, y tras una copa de coñac, Daneri hace una vindicación del hombre moderno, provisto de "linternas mágicas", "teléfonos", "cinematógrafos",..., todo ello antes de que existieran los móviles, los dvds,... ni internet, claro -consecuencia directa del concepto Aleph, que juega a ser una especie de google earth-.
Barroquismo.
En la entrevista "A fondo" de 1976 Borges reflexiona sobre el barroquismo como una herramienta artificiosa ("incluso en los más grandes"), y defiende -o lo hace el entrevistador, ya no me acuerdo- su certeza, su visión directa de las cosas, su narrativa aséptica y matemática. Borges se refiere el uso inadecuado de algunas palabras, aun tratándose de términos correctos del lenguaje. Pone como ejemplo el uso de variantes del adjetivo "azulado", como "azuloso". Es en El Aleph donde encontramos este mismo ejemplo en el estilo de Daneri: "donde antes escribió azulado, ahora abundaba un azulino, azulenco y hasta azulillo". Borges en la entrevista declamaba que si bien estas variantes son aceptadas producen un entorpecimiento de la lectura lineal, dificultándola, introduciendo un elemento de distorsión. Me sorprendió la utilización del mismo término -azulado- en una discusión que yo creía espontánea en el momento de la entrevista y lapidaria -con multitud de variantes posibles- cuando leí el cuento.
El Aleph y Hawthorne.
Algunos pensarán que enloquecí definitivamente cuando hago estas comparaciones poco rigurosas, pero tengo mis razones. Ya en Otras inquisiciones Borges realizaba una defensa kafkiana -no por la naturaleza de la defensa en sí si no por las características de la obra de Hawthorne anticipando a Kafka. Es decir, se trata de un autor perfectamente conocido por el argentino, por lo que no es extraordinario que éste haya sufrido algún tipo de influencia, aunque sea anecdótica o en forma de homenaje disfrazado. En fin, planteo la cuestión:
Relato: El tesoro de Peter Goldthwaite.
Autor: Nathaniel Hawthorne.
Sinopsis: Peter Goldwhite busca en la casa heredada de sus antepasados un tesoro oculto dejado por su tío. Para ello derrumbará la casa con la idea de reconstruirla en un palacio con el dinero procedente del tesoro. Éste está guardado en un baúl en algún rincón del inmueble que no recuerda. El tesoro al final no será tal tesoro pero la casa habrá sido demolida casi por completo en la búsqueda del mismo.
Cuento: El Aleph.
Autor: Jorge Luis Borges.
Sinopsis: Daneri utiliza un tesoro/baúl/bola mágica escondido en algún rincón del sótano de su casa. La casa va a ser demolida -no por propia voluntad sino por los del bar de al lado-. La demolición de la casa conllevará la destrucción del tesoro. Daneri precisa del tesoro-Aleph para escribir su poema. La casa será finalmente demolida.
Las lecturas de El Aleph.
En la entrevista A fondo de 1976 Borges reconoce que el volumen que contiene El Aleph -llamado igualmente El Aleph- es su publicación más exitosa. "Será porque el título acaba en ph", bromea el maestro.
Yo creo que El Aleph encuentra el éxito gracias a la multiplicidad de historias que encierra -ninguna con desenlace claro-, y por supuesto, po su extraordinaria clarividencia -que el paso de los años revaloriza aún más si cabe-. Digamos que hay varias interpretaciones posibles -ninguna excluye a las otras-:
1. Es una historia de amor, el que siente Borges por Beatriz Viterbo (no es una casualidad que ella comparta nombre con Beatriz Portinari, la amada de Dante en la Divina Comedia y que representaba a la fe). Una historia de la que desconocemos casi todo, acaso platónica, acaso no correspondida. Esta historia parece dar otra vuelta de tuerca cuando Borges, frente al Aleph, descubre unas "cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino".  Al principio imaginamos una historia de amor platónico (Beatriz estuvo casada, divorciada después, y en ningún momento se refiere una relación con el narrador) y luego evidenciamos una historia de amor a un recuerdo (las visitas periódicas a casa de los Viterbo en la calle Garay no tienen otro objeto que perseguir el fantasma -léase el recuerdo- de su amada).
2. Es la historia de un loco creador, Daneri, quien escribe un poema inmenso de imposible conclusión. Se trata de una reelaboración retórica del proceso de creación, menos una metáfora de la insanidad como fuente de creación - art brut, que diría Dubuffet-, que una alegoría de los misterios de la génesis de la escritura, de la complejidad y de la dualidad existencia-no existencia de la inspiración con mayúsculas.
3. Es un cuento fantástico, no hay que darle más vueltas, la historia de un artefacto misterioso que reúne todos los objetos y lugares del mundo (¿acaso los sentimientos también?).
4. Es la historia de una farsa -que quiere implicar a Borges en una muerte segura por incredulidad-: Borges piensa que si le dice a Daneri que no ha visto el Aleph éste querrá matarlo con tal de no reconocer su locura -a estas alturas estamos convencidos de la locura de Daneri: "Las bravatas de Carlos transparentaban el íntimo terror de que yo no viera el prodigio; Carlos, para defender su delirio, para no saber que estaba loco, tenía que matarme"-. Este punto -pensado por Borges antes de entrar en el sótano- abre una puerta más ante el final posible y éste es que Borges en realidad sólo esté imaginando el Aleph cuando se tumba en el piso del sótano mirando hacia el escalón decimonoveno, condicionado por la amenaza de Daneri -de hecho nunca comentará con Daneri la visión de lo inaudito-. 
5. También podemos pensar que es la historia de una confidencia -y esta historia se fundiría con la historia de amor Borges, ES, en definitiva, esa misma historia de amor-. Borges ignora la relación que pudo existir -nos movemos en el campo de las suposiciones y de las pistas- entre los primos (que el nombre de Daneri provenga del de Dante y que Beatriz se llame como la Beatriz de la Divina comedia le podía haber dado una pistad, ay , Borges -el personaje-, no anduviste muy astuto ahí). Daneri sabe que Borges amaba a su prima Beatriz. También sabe Daneri que si Borges observa el Aleph le serán presentadas las cartas que Beatriz le dedicó. La demolición de la casa de la calle Garay significaría también -simbólicamente- el fin del amor de Borges por Beatriz Viterbo -coincidiendo con la revelación de aquellas cartas increíbles dirigidas a su primo-, y consecuentemente el fin del relato. Podríamos especular que las cartas las escribió en realidad Beatriz a Borges porque Borges es en realidad Daneri, y Borges tan sólo un personaje del subsuelo dostoyevskiano de Daneri. El cuento en realidad no va por ahí -al menos creo que Borges no le dio esa intención-, pero después de conocer las revelaciones de identidades trastocadas de otros cuentos como en Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto, o Los teólogos, o El inmortal, no es descabellado pensar que Borges podía haberse inclinado por esta otra opción.
6. En realidad es la historia de un sueño. Todo es soñado por Borges. Esta idea la podemos extraer de esta frase al final:  "Temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, temí que no me abandonara jamás la impresión de volver. Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido". Después de ver el Aleph nada puede impresionar a Borges, tan sólo la vigilia le aleja de la imagen del Aleph, quizás porque el recuerdo del Aleph sólo se le presenta en sueños -quizás porque sólo ha existido en sueños-. Para Borges los sueños tienen una importancia elemental, al menos eso extraigo de la lectura de sus cuentos, ya que casi toda su obra rezuma cierto aire onírico. En una segunda entrevista del programa A fondo de TVE, ésta en 1980, Borges confiesa "soñé esta mañana que me moría". Me llamó profundamente la atención este sueño ya que todos sabemos -demonios, no tengo ni idea de por qué- que nunca morimos en los sueños, siempre despertamos cuando vamos a sucumbir -a manos de un monstruo asesino o en una caída al vacío inevitable-, así que me pareció extremadamente irreal el sueño contado por Borges y me hubiera gustado qué tipo de muerte soñó, o si soñó su funeral simplemente, o que le faltaba el aliento y el corazón se le paraba.
Posdata de 1943.
En ella se revela el fin de la casa de calle Garay así como la publicación de parte del poema La Tierra de Daneri, así como la concesión del segundo Premio Nacional de Literatura a Daneri. Borges se lamenta de que su obra Los naipes del tahúr no recogiera ni un solo voto. Este libro fue referido en la entrevista A fondo de 1976. Fue escrito en España, durante su estancia en Valldemossa, y nunca vio la luz, aunque Borges reconoce que el título era bueno.
Resumen.
Creo que es uno de los relatos más complejos y ricos de toda la obra borgiana (o borgesiana o borgeana) y atiende a multitud de interpretaciones y detalles que en un principio pueden -de hecho, deben- pasar desapercibidos pero que pueden encerrar claves de algunos de los misterios que esconde el cuento. Borges refirió que su mejor cuento fue El sur, y tal y como confesó en la entrevista de 1976, es en parte autobiográfico pues esa septicemia que sufre el protagonista en la primera parte la padeció él mismo. Aún siendo El sur un cuento extraordinario yo me decanto más por otros como este El Aleph u otros como El inmortal, Pierre Menard -a pesar de sus inconclusiones- o Funes el memorioso, y por supuesto Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto.
Espero no haber escrito muchos disparates y que al menos disfrutéis con los enlaces editados.
aleph-borges.

lunes, 16 de mayo de 2011

Otras inquisiciones, de Jorge Luis Borges

Hacer un comentario sobre este libro de Borges es absurdo, es, además, -por mi parte- emprender un camino seguro hacia la ridiculez. Publicado en Buenos Aires en 1961 este tomo recoge algunas lúcidas, metafísicas y endiabladamente borgianas reflexiones sobre diversos temas, entre literarios (el Quijote, Hawthorne, Quevedo,...) y filosóficos (el tiempo, las alegorías, los nombres...). Mi contribución al conocimiento del particular mundo pensante borgiano (¿o es borgesiano? -de ser admitido semejante término) será meramente testimonial, un simple: yo leí esto -si bien no entendí ni la mitad.
Ya en El sueño de Coleridge me tropiezo con la historia del sueño que tuvo este poeta inglés en 1797 y en el que compuso un enorme poema sobre un palacio levantado por Kublai Khan ("al cabo de unas horas se despertó, con la certidumbre de haber compuesto, o recibido, un poema de unos trescientos versos"). Lo curioso es que el propio Khan había soñado este Palacio, según se descubrió 20 años después del sueño de Coleridge, a través de Compedio de historias de Rashid ed-Din, del siglo XV: "Al este de Shang-tu, Kublai Khan erigió un palacio, según un plano que había visto en un sueño y  que guardaba en su memoria". Creo haber leído la historia del sueño de Coleridge en Vila-Matas. Bueno, decir que Coleridge sólo terminó recordando 55 de los 300 versos.
En Nathaniel Hawthorne, Borges hace una defensa brillante del talento del de Salem, a través de sus cuentos, y más concretamente del titulado Wakefield. En Hawthorne cree ver un claro antecedente de Kafka. Borges dice que los precursores terminan apareciendo gracias a la figura a la que anteceden. Es decir, que sin Kafka no podríamos decir que Hawthorne fue precursor de algo, pues los síntomas kafkianos están, de alguna manera, tan velados que hizo falta la llegada de Kafka para que concretara lo que ha terminado denominándose como universo kafkiano. Este asunto es tratado en  Kafka y sus precursores. En Wakefield, de Hawthorne, un tipo sale por la puerta para no regresar a su casa -dejando sola a su esposa y sin darle ninguna explicación- hasta 20 años después. Dice Borges: "Si Kafka hubiera escrito esa historia, Wakefield no hubiera conseguido, jamás, volver a su casa; Hawthorne le permite volver, pero su vuelta no es menos lamentable ni menos atroz que su larga ausencia."  Creo entender qué quiere decir el argentino. Esa ausencia injustificada termina tornándose en irreal para sus allegados, de forma que la vuelta de Wakefield no hace sino confirmar la pesadilla que ha significado para ellos -la ausencia cobra forma irrecuperable-. Esta llamada de Borges hacia los cuentos de Hawthorne me hizo pedirle prestado a mi hermana su volumen Cuentos contados dos veces. Estoy inmerso en su lectura, aunque por ahora sólo puedo decir que escribía prodigiosamente. Volviendo a los precursores de Kafka, Borges enumera varios antecedentes:  la paradoja de Zenón -Aquiles nunca alcanza a la tortuga (Borges menciona la flecha y el móvil)-, situación parecida a la acontecida al agrimensor K. en El castillo; un párrafo en  la Antología razonada de la literatura china de Margoulies: "Universalmente se admite que el unicornio es un ser sobrenatural y de buen agüero", pero, parecer concluir; nadie sabe cómo es el unicornio, podríamos estar frente a él sin reconocerlo; y el tercer texto precursor de Kafka lo hallamos en Kierkegaard y a través de dos parábolas comentadas por Lowry en 1938. También cita Borges dos cuentos, uno de Leon Bloy y otro de  Lord Dunsay.
En El ruiseñor de Keats, Borges le da unas cuantas vueltas a un poema de John Keats de 1819 y nos encontramos con referencias a Schopenhauer, la definición de arquetipo, las ideas platónicas, Coleridge, etc... Yo creo que el asunto va en torno a si el ruiseñor de Keats es un ruiseñor en concreto o es la idea de ruiseñor en sí -pero quién sabe, a lo mejor va de todo lo contrario-. Hay un párrafo  sobre Coleridge y los aristotélicos y platónicos que veremos repetido -textualmente (!)- artículos después, en De las alegorías en las novelas, dice así: "Observa Coleridge que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Los últimos intuyen que  las ideas son realidades; los primeros que son generalizaciones; para éstos, el lenguaje no es otra cosa que un sistema de símbolos arbitrarios; para aquéllos es el mapa del universo. El platónico sabe que el universo es de algún modo un cosmos, un orden; ese orden, para el aristotélico, puede ser un error o una ficción de nuestro conocimiento parcial. A través de las latitudes y las épocas, los dos antagonistas inmortales cambian de dialecto y de nombre: uno es Parménides, Platón, Spinoza, Kant, Francis Bradley; y el otro, Heráclito, Aristóteles, Locke, Hume, William James." 
Magias parciales del Quijote nos desvela algunas audacias del talento cervantino. Según Borges, Cervantes promueve la confusión entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la realidad -del lector en cuanto lector- y la ficción -de la novela en cuanto novela-. Así: "En el sexto capítulo de la primera parte, el cura y el barbero revisan la biblioteca de Don Quijote, asombrosamente uno de los libros examinado es la Galatea de Cervantes, y resulta que el barbero es amigo suyo y no lo admira demasiado, y dice que es más versado en desdichas que en versos y que el libro tiene algo de buena invención, propone algo y no concluye nada", en lo que viene a ser el primer caso de un personaje de una novela que juzgue al autor de su propia novela (¡en esa misma novela!), y en lo que significa igualmente una falsa crítica a sí mismo, ya que bien vistas, las palabras del barbero encierran más una adulación que un reproche -como instigador del poder de la novela y de sus inconmensurables caminos infinitos, algo que ya debía entrever Cervantes en el siglo XVII, y que le condujo indefectiblemente a la creación de la gran obra de la historia de la literatura. Más enigmas literarios dentro del Quijote: los personajes de la segunda parte han leído la primera parte de la novela en la que figuran, y también en la primera parte se aclara que la novela ha sido traducida del árabe y que Cervantes adquirió el texto en un mercado de Toledo. Es obvio que la genialidad del Quijote no radica exactamente en esos detalles si bien la novedad conceptual que suponen sólo pudieron ser obra de un genio extraordinario -o de un loco-.
Muy interesante es Sobre el Vathek de William Beckford: "William Beckford, de Fonthill, encarnó un tipo suficientemente trivial de millonario, gran señor, viajero, bibliófilo, constructor de palacios y libertino; Chapman, su biógrafo, desentraña (o procura desentrañar) su vida laberíntica pero prescinde de un análisis de Vathek, novela a cuyas últimas diez páginas William Beckford debe su gloria". Es Vathek una historia ambientada en el tiempo de los califas abbasidas y con un Alcázar de fuego subterráneo de por medio. Según Borges éste es en realidad el "primer Infierno realmente atroz de la literatura". Es curioso como "la gloria" de Beckford reside en un título que no conoce nadie pero del que descubro ahora -con asombro e ilusión- cómo existen diversas ediciones en castellano (en Alianza y en Valdemar). Sin embargo, y aún a riesgo de meter la pata -como siempre-, me atrevo a contradecir a Borges. No sé bien qué de inquietante, o alucinógeno, o de genialidad puede contener esa última parte de Vathek -cuando leyendo la sinopsis me parece un rollazo impresionante- pero pienso que la verdadera genialidad la "cometió" Beckford al escribir sus Memorias biográficas de pintores extraordinarios, y no lo digo por la calidad o la erudición o la inspiración del texto, sino por la idea (por la intención extraordinaria y visionaria) de confrontar la ficción con la realidad en el mundo del arte -aún a la temprana edad, se sospecha, de 16 años- y ¡en 1790! Una obra que fue comentada en 2010 en mi blog de arte El gran Kovalski (BECKFORD).
Otros muchos e interesantes artículos comprenden este apasionante Otras inquisiciones. En el penúltimo -y más extenso y filosófico- Borges se encarga la difícil tarea de demostrar una Nueva refutación del tiempo. Un título ya de por sí paradójico, pues encierra el término "nuevo", una palabra sin sentido fuera del suceso temporal ("Todo el lenguaje es de índole sucesiva: no es hábil para razonar lo eterno, lo intemporal").
Los que conozcan al Borges cuentista descubrirán en Otras inquisiciones a un Borges más analítico y metafísico -incluso al Borges crítico- pero en el que adivinamos la vasta base cultural sobre el que se alzan relatos inmortales como El Aleph, Funes el memorioso, etc... Habrá quienes piensen ¿por qué Borges perdió el tiempo en estas disertaciones sin objetivo alguno en lugar de emplearlo en escribir algunos cuentos más?, y habrá quiénes opinen lo contrario, es decir, ¿por qué Borges no le dedicó más tiempo a esta faceta "pensante" en lugar de perder el tiempo en la ficción? Sin embargo estoy seguro de que unos como otros disfrutarán tanto de estas Otras inquisiciones como de sus cuentos, por igual.