sábado, 16 de febrero de 2013

En mitad de la noche un canto. Jiri Kratochvil.


Uprostred nocí zpev (1992).
Traducción de Patricia Gonzalo de Jesús.
Impedimenta 2010.

Patricia Gonzalo de Jesús cita en su introducción a escritores checos como Kundera, Hasek o Hrabal, para usarlos como referencia a la obra de Kratochvil (Brno, 1940). Finalmente escribe de En mitad de la noche un canto: “Y aunque Jiri Kratochvil ha declarado repetidamente su admiración por Milan Kundera y, sobre todo, por el dramaturgo Ivan Vyskocil (y su literatura experimental y del absurdo), no puedo evitar sentir esta obra más cercana al placer palabrista por la fabulación, por la recreación, a ratos nostálgica y a ratos grotesca, como actitud ante el mundo, ante un mundo  al que de otro modo resultaría difícil encontrar un sentido.”
Particularmente, y para dar una idea al lector de por donde van los tiros, yo diría –sin pretender epatar- que el estilo de Kratochvil aúna los lirismos fabulatorios del lituano Milosz, los destellos bien mágicos de García Márquez, bien esperpénticos de Mrozek, con la narrativa desenfadada, tragicómica, pero entrañablemente reflexiva del propio Hrabal, además la acción se sitúa en plena posguerra con el régimen estalinista en la sombra–un compromiso ausente en Hrabal, por lo que ha sido alguna vez criticado, si bien defendido por el propio Kundera en su libro Un encuentro. Al hilo de este asunto me acuerdo de Márai y algunas de sus novelas como La mujer justa, pero claro, las escribió en el exilio, con lo cual estaba a salvo del régimen comunista húngaro. O sea, un cóctel de impredecibles -pero esperanzadoras- consecuencias.
Después de terminar la lectura de En mitad de la noche un canto podemos decir que el resultado es magistral, o al menos cercano a esa línea que separa lo magistral de lo no magistral –si es que existe esa línea y si es puede existir lo magistral después de Bernhard. La mejor señal que denota el impacto que tiene en nosotros un nuevo autor es el impostergable interés que por el resto de su bibliografía nos sacude tras cerrar la última página, como si fuera ya el único escritor de la Tierra (¡demonios, tengo que leer todos sus libros!, nos decimos impacientes). 
Kratochvil es un autor poco conocido en España que ha sido encuadrado en la era post-Kundera, una era cuyo comienzo se fecha en 1989, cosa que no entiendo pues Kundera sigue en activo, acaso debería denominarse era post-Hrabal (muerto en 1997, siendo su última gran obra, Bodas en casa, de 1986). Pero estas premisas clasificadoras deben dar igual. Leí el libro evitando las alas de la cubierta que informaban del autor. Conforme avanzaba me preguntaba una y otra vez cuándo pudo ser escrito y si el escritor estaría aún vivo –confieso que miré las solapas en el tercer capítulo.
En mitad de la noche un canto participa más de las novelas de aprendizaje (bildungromans) que de la búsqueda odiseica, ahora explicaré a qué me refiero, si es que puedo. El infante protagonista se enfrasca en la búsqueda de su progenitor a partir del día uno de su concepción –y asistimos al viaje adolescente entre personajes a cual más grotesco-: “Fui concebido bajo un cielo iluminado por proyectiles y con la tos asfixiante de los lanzacohetes katiusha como ruido de fondo, y nací poco antes de la Navidad de aquel año que sería el último de la guerra y el primero de la paz.” Un grupo de soldados asaltaron la propiedad y abusaron sucesivamente de la madre del protagonista a finales de abril de 1945. El bebé será ochomesino, aunque quizás esto no sea suficiente para justificar su enrevesado –y mágico- mundo interior. Desde entonces el narrador espera una especie de señal que lo conecte con su padre desconocido. Puede ser una frase casi inaudible de un hombre a punto de ahogarse en la presa de Brno, o bien una carta hecha pedazos en la calle  Jakubska, que le pondrá sobre la pista de un tal Padre Prudencio, de Río de Janeiro.
Pero hay dos voces en este libro que se van alternando por capítulos. En los pares, la voz narrativa está igualmente en primera persona pero el tratamiento no es tan formal, no hay puntos al final de cada párrafo ni mayúsculas al principio de los mismos. Una herramienta que utiliza Kratochvil para diferenciar los dos personajes –o quizás esta técnica esconda algún truco más.
En Los felices años de la posguerra el joven protagonista acompaña a su padre –éste es otro joven- hasta una cabaña de cazadores en el monte Beskydy. Allí recibirán la visita de unos particulares funcionarios que sugieren al señor Simónides utilizar a su hijo como cebo para cazar linces caníbales. Simónides se la juega al negarse ante tamaño disparate: “Hay momentos en la vida de un hombre, observó por su parte el segundo funcionario, en los que uno se encuentra ante una disyuntiva crucial, y la suya, señor Simónides, su hora de la verdad acaba de sonar”. Estamos ante una sutil alusión a la condena kafkiana, y puede que no sea una barbaridad relacionar a Kratochvil también con algunos aspectos de Kafka, y en particular, como veremos, con La metamorfosis -perdonen mis lectores, últimamente veo a Kafka en todos lados, quién puede saber qué sería de la literatura sin Kafka y sin Brod.
En El salto de la pulga volvemos a las andanzas del joven bastardo quien asiste con su madre a una función del circo de pulgas. En un descuido del domador el jovencito se hace con un cañoncito y su pulga correspondiente. La pulga terminará adquiriendo proporciones oníricas, y el protagonista, tras una especie de ataque epiléptico se instalará en la vista de la pulga: “Durante un instante contemplé la ciudad desde la altura de los tejados”, para finalmente vengarse de un abofeteador de rubias en plena calle Husovice.
En El laberinto conocemos la borgiana idea del abuelo de construir un laberinto en el ático de la casa (“el laberinto era un viejo sueño del abuelo: había visto uno siendo oficial artesano ambulante, aún antes de la primera guerra mundial, en algún lugar de los Países Bajos, y le hechizó). La idea de que el padre pudiera esconderse allí del gobierno le abordará más adelante, y es que después del episodio de Beskydy el padre tendrá que emigrar al extranjero, su búsqueda por parte del narrador será análoga a la del primer personaje, y aquí empezaremos a confundir uno con otro, los dos jóvenes –les debe separar alrededor de una década- buscarán a un fantasma, de forma que hasta cuando aparezcan –en aquella foto de grupo de un aparente simposio internacional en el Mar del Plata, y en la figura del soldado Lopujin, en el “imponente edificio de la antigua dirección de los ferrocarriles Moravo silesianos”-renegarán de ellos.
Seguirán a estos capítulos otros igual de fascinantes titulados La peluca pelirroja, El último verano en tierra morava, Sangre para la princesa azteca, Poli-Story (y continuación, donde se narra la protección que uno de los policías que tomaron testimonio a su madre hace del pequeño durante años y de cómo a su muerte le cede unos planos para construir un extraordinaria artilugio en forma de aspiradora cuya función desconocemos pero que le sirve al joven para embarcarse en el loco proyecto de su construcción), Final feliz para el cuento de la Cenicienta, El novio, En el pozo Wilhelm Pieck, Un largo día de agosto, El zar de los muertos (y continuación, donde el protagonista es internado en el castillo de Schwarzbild junto a otros enfermos hepáticos, un lugar, el castillo, donde encontrará además el amor en Danielka, y que, al contrario que ocurría con el castillo kafkiano, al que el agrimensor pretende llegar sin éxito, es una cárcel de la que el joven intentará huir: “era uno de los días más fríos de aquel extraño comienzo de la primavera, había nevado con insistencia a lo largo de todo el día, así que cuando me descolgué  del ventanuco del sótano…”), La solitaria Margareta (quizás el mejor capítulo del libro, donde su abuelo por parte de padre, experto en gótico temprano cisterciense checo decide un día aislarse “con la intención de abrazar su extraordinario destino, y en su cuartito comenzó a escribir, y a los diez meses aquel excéntrico aislamiento dio su primer fruto, el tomito de lírica bucólica, reflexiva, patriótica, amorosa y de circunstancias Camino a través de las brumas, a través del sueño, y al año siguiente un fruto más, el librito En mitad de la noche un canto”, con el que Kratochvil consigue describir su propia obra y convertir un episodio anecdótico en un juego de espejos propio de Escher –o de nuevo Borges-, donde la novela citada está dentro de la novela real, que a su vez está citada mágicamente en un capítulo de esa novela, que a su vez…, y que nos despierta la idea de que quizás los capítulos informales de la novela se correspondan con ese escrito crepuscular del abuelo), El lugar en el que hoy se encuentra, y el capítulo final En mitad de la noche un canto, que transcribe la carta al padre con este inquietante segmento próximo al fin: “¿y de verás ha ocurrido todo esto? ¿pero qué exactamente? ¿y qué garantía tengo de que quien está narrando aquí no sea ya sino aquél  acerca de quien se narra? ¿y qué garantía tengo de que lo sea?”.

3 comentarios:

Vero dijo...

Pero qué interesante. Por desgracia no vi ejemplares de esa editorial en Buenos Aires. En la página que linkeás vi que publicaron también a Lustig, autor del que busqué algún libro durante meses, sin suerte, después de oír una charla de escritores checos acerca de la obra de Kafka en el MALBA. (Impedimenta es un hermoso nombre para una editorial. Ese oficio trabajosos de escribir... Leído hoy: "La definición de escritor de Thomas Mann: Alguien para quien escribir es más difícil que para otra gente". Saludos, K.

kovalski dijo...

qué extraña y hermosa definición de Mann,vero, supongo que autocomplaciente, a quien no intenta escribir no le resulta ni más difícil ni más fácil que a quien lo intenta, simplemente no le resulta. No leí a Lustig -un personaje curioso-, pero Impedimenta lleva unos años publicando unos libros esenciales como los de Soseki (creo que todo lo publicado en España salvo El caminante, por Satori), o la primera novela de Lem, El hospital de la transfiguración, y las ediciones son magníficas -si bien en La puerta de Soseki se deslizó algún error tipográfico, creo que tras el éxito de Daisuke se precipitaron en publicar su continuación, Soseki debe ser su best seller-. En cuanto a Kratochvil y su anunciada Promesa decir que a día de hoy no hay novedad, en el catálogo de la editorial aparece En mitad de la noche como único título del checo en Impedimenta. Salukovs.
http://impedimenta.es/portada.php

Vero dijo...

K., lo estoy leyendo, es genial, y como vos me fijé si hay algo más, y sí, está "La promesa de Kamil Modracek", y si está acá, en estas pampas olvidadas por dios y las editoriales europeas, con más razón lo podrás encontrar allá, donde se cuecen las habas. Besos.