
jueves, 16 de diciembre de 2010
Soy un gato, de Natsume Soseki.

domingo, 5 de diciembre de 2010
El doble, de Fedor Dostoyevski
Autor: F.M. Dostoyevski.
Título: El doble. Poema de Petersburgo (Dvoinik)
Año de publicación: 1846.
Traducción e Introducción: Juan López Morillas.
Editorial: Alianza Bolsillo. Primera Edición 1985.
Número de páginas: 192 incluyendo presentación e Introducción (179 de novela).
PERSONAJES.
- Yakov Petrovich Goliadkin: funcionario, consejero titular.
- Yakov Petrovich Goliadkin II: el doble.
- Petrushka: el criado de Goliadkin.
- Krestyan Ivanovich Rutenspitz: el doctor de Goliadkin.
- 2 escribientes (anónimos): con ellos se cruza Goliadkin en el capítulo I y luego en el restaurante en el capítulo III.
- Andrei Filippovich: jefe de departamento en la oficina.
- Vladimir Semionovich: sobrino de Filippovich, recién ascendido a Asesor en la oficina y prometido de Klara Olsufievna.
- Olsufi Ivanovich: Consejero Civil Berendeyev y antaño benefactor de Goliadkin.
- Klara Olsufievna: hija única del anterior, reina de la fiesta del capítulo IV, prometida de Vladimir Semionovich y amada de Goliadkin.
- Karolina Ivanovna: cocinera pobre, antigua casera de Goladikin. Se cree que Golaidkin se prometió con ella y también se cree que es el origen del complot que persigue a GOliadkin para destruirle, definitivamente.
- Pisarenko y Ostafiev: escribientes, mensajeros ocasionales de Goliadkin.
- Anton Antonovich Setochkin: oficial mayor.
- Ivan Semionovich: funcionario que sustituirá en funciones a Goliadkin al final de la novela.
- Vahrameyer: secretario de guardia
- Mehyev: vigilante.
- Pelageya Semionovna: hipotética tía de Goliadkin II.
ESCENARIOS.
Es reducido el número de escenarios en los que se desarrolla la novela, de modo que cada espacio funciona como un habitáculo casi teatral. Son los siguientes:
- Casa de Goliadkin en la calle Shestilavochnaya.
- Oficina. Hay escenas en la oficina los días 2,3 y 4 de la acción. El primer día (día 2 de la novela) Goliadkin va a trabajar, se entretiene con unos papeles pero está pendiente del qué dirán sus compañeros de trabajo, pues les tiene al corriente del desastre acontecido la noche anterior en la fiesta de Klara, donde Goliadkin hizo el ridículo y fue expulsado de mala manera. La verdad es que Goliadkin se ausenta cuando le parece (el primer día entero sin ir más lejos) y cuando va no da ni golpe. Para colmo el día 2 es cuando el doble le engaña y presenta su trabajo en su nombre. Finalmente será sustituido por un Semionovich que no es el hijo de Filippovich sino Ivan Semionovich.
- Casa de Olsufi Ivanovich (baile y escena final). El baile en el capítulo IV y la escena final en el capítulo XIII. En ambos capítulos Goliadkin es expulsado, digamos que es el centro neurálgico de sus obsesiones, sus complejos sociales y sentimentales y en definitiva, el lugar a partir del cual crece toda la historia.
- Puente Izmailovski, muelle Fontanka -cruciales encuentros con su doble-, Puente Anichkov, calle Italianskaya, calle Liteinaya y, en general, los exteriores por donde circula Goliadkin bien en coche bien a pie.
- Otros: Grandes Galerías, Casa de su Excelencia, restaurante, Casa de Filippovich.
LA TRAMA.
Capítulo I.Nombre: Yakov Petrovich Goliadkin.
Ocupación: funcionario, consejero titular.
Lugar: su pequeña habitación con paredes verdosas por el moho.
Día: otoñal, gris, opaco y sucio.
Ciudad: Petersburgo.
Dirección: 4º piso de una vasta casa de vecindad en la calle Shestilavochnaya.
Tras despertar de unos sueños alborotados Goliadkin se observa en un espejo "Tendría gracia que no estuviese hoy como Dios manda, por ejemplo, que me hubiera salido un grano o algo por el estilo". Guiño a La nariz de Gogol. Goliadkin rebusca una cartera en el más recóndito de los compartimentos de uno de los cajones de la mesa y cuenta hasta 750 rublos. "Notable suma! ¡Agradable suma!". ¿De dónde procede el dinero? ¿Qué destino le tiene reservado Goliadkin? Su criado Petrushka no se encuentra en el cuchitril que habita, tras el tabique. Finalmente lo descubre en la salida del vestíbulo junto a otros lacayos, mozos y chusma servil. Goliadkin teme una conspiración "Seguro que me ha vendido. Me ha vendido por un miserable ochavo...". Petrushka anuncia que ha llegado la librea. ¿Y el coche? el coche también. Goliadkin se viste como para una ceremonia, pantalones casi flamantes, pechera con botoncitos de bronce...
Dirección de Goliadkin en su coche azul de alquiler: Nevski Prospekt.
Goliadkin sufre un acceso de hilaridad, el cual alterna con expresión de extraña inquietud. Cruce entre calle Liteinaya y el Nevski: encuentro con dos empleados de su propio departamento que lo miran asombrados. Segundo encuentro: el jefe de departamento Andrei Filippovich en un droshki elegante tirado por dos fogosos caballos de Kazan. Goliadkin finge ser otro, no soy yo, no soy yo, FIlippovich lo observa asombrado. "He hecho una tontería en no responderle", piensa Goliadkin. Descubrimos que va así ataviado para acudir a un banquete. Antes de llegar a su destino Goliadkin, nuestro héroe, cambia de opinión: "el señor Goliadkin había sentido la necesidad insoslayable, seguramente para su tranquilidad de ánimo, de decir algo de suma importancia a su médico, el doctor Krestyan Ivanovich Rutenspitz". No sabemos qué se trae entre manos Goliadkin, él mismo parece dudar "¿Será correcto y oportuno hacerlo?".
Capítulo II.
Visita al doctor. Éste le recomienda que tenga vida social: "Quedarse en casa no es de ningún provecho. De ningún modo debe hacerlo." Goliadkin defiende su gusto por la tranquilidad, dice seguir un camino distinto, "No soy de los que hablan mucho. Pero en cambio, soy hombre de acción." Hum... ¿Qué dice? ¿Qué es hombre de acción?", pregunta el doctor. Goliadkin se hace un lío. No ha ido a hablar de eso sino para confesar sus temores al doctor Ivanovich: "Tengo enemigos, Krestyan Ivanovich , tengo enemigos. Tengo enemigos mortales que han jurado destruirme." "¡Basta, basta! ¡Qué enemigos ni niño muerto! ¡No hay por qué pensar en enemigos!", se muestra poco comprensivo el doctor. Finalmente Goliadkin le cuenta la historia de un amigo íntimo suyo al doctor. Por lo visto este amigo felicitó a otro amigo íntimo de Goliadkin también con motivo de su reciente ascenso a Asesor, concretamente a Vladimir Semionovich, quien además, contraería matrimonio próximamente. Sigue Goliadkin sin darse cuenta de que revela la identidad de su amigo íntimo: "después de alentar a ese joven con lo de la eliminación del nepotismo, me dirigí a Klara Olsufievna", y le advierte subliminalmente de que su prometido quizás no sea limpio de corazón. Goliadkin le cuenta al doctor también el cotilleo que tanto Semionovich como su tío Filippovich han hecho circular con respecto a su amigo íntimo y según el cual éste va a casarse con una cocinera, a pesar de estar ya casado. El capítulo finaliza con Goliadkin abandonando la consulta del doctor Krestyan Ivanovich, girándose para comprobar que lo mira desde la ventana y diciéndose para sí "Este médico es tonto, tonto redomado."
Capítulo III.
Goliadkin pasa una mañana de trajín alucinante concretando compras milenarias en tiendas de las Grandes Galerías. En todas le piden un depósito pero en ninguna lo deja, postergando siempre ese paso para más adelante. Al final compra unos guantes y una fragancia, todo por un rublo y medio. Hace tiempo tomando un refrigerio. Vuelve a encontrarse con los escribientes de antes. Se ríen de él.
Ida al puente Izmailkovski. Cuando va a entrar en casa de Ivanovich el mayordomo le impide la entrada: "Se me ha ordenado que no le admita...". Llegan Filippovich y su sobrino Semionovich. "Digo que es mi vida privada, Andrei Filippovich, y que, según entiendo, nada hay aquí censurable en cuanto a mis funciones oficiales". Añade como el que no quiere la cosa "una mozuela insolente, nada más."
Capítulo IV.
Cumpleaños de Klara Olsufievna. "Huelga decir que mi pluma es demasiado torpe, roma e imprecisa para describir como Dios manda el baile improvisado con inusitada amabilidad por nuestro venerable anfitrión", se justifica el narrador tras describir brillantemente el ambiente que se vive en casa del Consejero General. Pero Goliadkin no se había marchado a su casa, se quedó en el capítulo anterior comiendo algo en una tasca y luego volvió a casa de los Ivanovich, de modo que se encontraba también allí "casi en el baile", en el descansillo de la escalera de servicio "¿Entrar o no entrar?". Finalmente entra en el salón de baile y se acerca a Klara para darle felicitaciones y parabienes -torpemente-: "todos estaban de pie, todos callaban, todos aguardaban". "No tengo por qué avergonzarme. Esto es cuestión de mis circunstancias personales", se defiende, inútilmente. "Hubiera dado cualquier cosa por hallrse ahora en el descansillo", dice el narrador. Pero eso ya es imposible. Se le acerca el mayordomo Gerasimych. "Hay alguien ahí fuera que pregunta por usted", le dice. "No amigo. Nadie me llama. Te equivocas", responde Goliadkin, que adivina una treta para quitárselo de encima. Se reanuda el baile. Todo parece haberse quedado en agua de borrajas. Goliadkin se aproxima a Klara aprovechando que ésta ha sufrido una especie de desmayo y la toma de la mano para sacarla a bailar una polka. "Nuestro héroe se vio empujado". Es entonces cuando, digamos, Goliadkin es invitado a abandonar el baile.
Capítulo V.
De camino a casa sucede el encuentro en el muelle Fontanka con un extraño. "¡Quién sabe lo que será este rezagado! -cruzó por su mente-. Bien puede ser lo más importante de este asunto". Por dos veces. La segunda llega a pararlo pero luego lo deja marchar. Hay algo familiar en su cara. La tercera vez se lo encuentra en su misma dirección ("él mismo deseaba ese encuentro, lo juzgaba inevitable"). Lo sigue. El extraño va en dirección a casa de Goliadkin. Sube las escaleras. Se para en su puerta. Llama. Petrushka le abre y le deja entrar. Goliadkin le sigue, entra en su propio cuarto y allí está el extraño, sentado en su cama. El extraño es ¡él mismo! (el doble).
Capítulo VI.
A la mañana siguiente Petrushka guarda silencio: "Dios sabe qué pensará el bribón de este asunto". Luego Goliadkin acude a la oficina, después de pensárselo mucho y tras haberse convencido de que está realmente enfermo. En la oficina espera las burlas de todos los compañeros. Debe haberse corrido la voz del desastre de la velada anterior. "Incluso decidió prescindir de las cortesías habituales entre compañeros." Llega uno nuevo. Es el extraño de ayer. Goliadkin conversa con Anton Antoniovich sobre el nuevo. El parecido entre ambos es asombroso ("Es un parecido prodigioso, fantástico, como se dice a veces... Él es igual a usted... ¿lo ha notado, Yakov Petrovich?"), además se llama también Goliadkin. Filippovich se rió cuando se lo contó a Antoniovich. Al salir de la oficina y en el trayecto a casa se topa con el extraño, terminan hablando, Goliadkin le invita a su casa para seguir la conversación ("No daba crédito a sus sentidos. Todavía no había salido de su asombro").
Capítulo VII.
En el que los dos Goliadkin se hacen amiguitos. Goliadkin I ve en Goliadkin II un aliado y se las promete muy felices. "Les ganaremos por la mano, Yasha. Les armaremos nuestra propia trampa y veremos quién es el último que se ríe." A última hora de la noche, achispado, Goliadkin vuelve a tener dudas sobre su posible exceso de afabilidad "¿No habrá sido demasiado? ¿No habré ido demasiado lejos?". No sólo es asombroso el parecido físico entre ambos sino que lso dos se llaman exactamente igual. "Vamos Yasha, reconócelo. Tú eres el que ha tomado mi nombre." Se instala entre los dos un entrañable aire de cordialidad.
Capítulo VIII.
"A la mañana siguiente el señor Goliadkin se despertó, como de costumbre, a las ocho." Se arrepiente de su actuación de anoche, cuando percibe que su tocayo ha desaparecido se extraña: "¿Qué es esto? ¿Qué significa este nuevo incidente?". Petrushka hace caso omiso a las preguntas de su amo sobre el nuevo inquilino. "Bueno, ya veremos. Ya veremos, y a su debido tiempo entraremos en el fondo del asunto." Luego sucede la escena de la oficina en la que Goliadkin se encuentra con el impostor. Éste parece llevar un "encargo especial" a Su Excelencia. "Confieso, Yakov Petrovich, que me asombra su comportamiento, comportamiento que de ningún modo esperaba de usted." Filippovich apremia a Goliadkin para que entregue el informe que tenía pendiente para Su Excelencia. Con una argucia -pretextando un borrón en una hoja- Goliadkin II le arrebata el informe en la misma puerta de su Excelencia y lo presenta como suyo llevándose todos los honores. Goliadkin le pide explicaciones pero Goliadkin II le trata de forma humillante pellizcándole en la mejilla ¡Eres un pillín, Yakov Petrovich,! ¡Eres un pillín, muchacho! ¡Entre tú y yo les haremos la pascua!", le dice Goliadkin II, asumiendo el papel de Goliadkin la noche anterior. Piensa en decirle seriamente: "Con la impostura y el descaro, señor mío, no se va hoy día a ninguna parte. La impostura y el descaro no conducen a nada bueno, más bien a todo lo contrario. El Falso Demetrio fue el único, señor mío, que sacó algún provecho de la impostura, explotando la ceguera del pueblo, pero tampoco por mucho tiempo." Al final de la jornada Goliadkin II vuelve a reírse de Goliadkin I ante la insistencia de éste para que recuerde el pacto realizado la velada pasada. "¡Ah, sí! Pues bien, ¿pasó usted una buena noche". Goliadkin I le espeta "el juego de usted es enrevesado en demasía". Goliadkin II, adoptando definitivamente la actitud rocambolesca de Goliadkin I: "¿Quién dice tal? ¡Mis enemigos!".
Capítulo IX.
Comienza el capítulo con una serie de reflexiones: "En su fuero interno se daba por invicto": "¿Por qué no dejar las cosas tal y como están? ¿Qué vas a hacer ahora?". Goliadkin decide ir a casa de Filippovich aunque tiene dudas. "¿No será mejor dejarlo para mañana?. Además, ¿tengo algo especial que decirle?". Pero Andrei Filippovich no ha vuelto aún de la oficina. A continuación surgen en la mente de Goliadkin algunas ideas conciliadoras con el impostor, mediadas por la compasión hacia un hombre desafortunado en la vida. "Hicieron bien y les agradezco el haber ayudado a ese pobre diablo", piensa refiriéndose a la Administración que lo ha contratado. De alguna manera la intromisión de Goliadkin II refuerza la idea de un Goliadkin I verdadero y honesto, frente a un Goliadkin impostor y granuja. Tan sólo una cosa: "¿Y si nos confunden?". Entonces entra en el mismo restaurante que ya estuvo antes de ir a la fiesta de cumpleaños de Klara y se pide un pastel de pescado. Cuando va a pagarlo el camarero le reclama el importe de once pasteles de pescado. "El señor Goliadkin quedó estupefacto ¿Qué es esto? ¿Arte de birlibirloque?". Después de cierta confusión y de pagar ve al otro lado del mostrador a su doble. "El granuja se ha hecho pasar por mi". Al llegar a casa escribe una carta para Goliadkin II en la que le manifiesta su descontento con los diversos asuntos que les han mezclado a ambos en los últimos tiempos, y envía a Petrushka a la oficina para que se la entregue al secretario Vahrameyer que está de guardia. También le pide que averigüe la dirección del falso Goliadkin. A continuación sale tras Petrushka "Puedo investigar el caso por mi propia cuenta". Aunque finalmente desiste y da media vuelta. Petrushka vuelve borracho y sin carta de respuesta, le dice a Goliadkin que el domicilio de Goliadkin II es el propio. Cuando Petrushka se duerme Goliadkin encuentra una carta de Vahrameyer. Una carta que parece haber olvidado Petrushka entregársela. En ella el secretario es tajante: "Su criado está borracho y lo que dice no tiene ni pies de cabeza. Tengo intención de cortar con esta fecha toda relación con usted." Enseguida Goliadkin se pone a escribir una contestación al secretario intentando sacarle de su error.
Capítulo X.
En el que Goliadkin sufre una pesadilla y en la cual se le aparecen muchos Goliadkin y donde "el cochero se negó en redondo a llevar al señor Goliadkin diciendo: No puedo llevar a dos personas exactamente iguales". Despierta a la una de la tarde y Petrushka no está, y Goliadkin piensa que le han comprado: "¡Con que es en la madriguera de esa detestable alemana donde se esconde toda esa fuerza maligna!". Se refiere a su antigua casera, la alemana Karolina Ivanovna, con la que parece haber contraído alguna obligación y que no está dispuesto a cumplir. Escribe una nueva nota a Goliadkin II: "Ya no hay sitio para los dos... su extraño, ridículo e imposible deseo de parecer mi mellizo sólo servirá para provocar su descalabro y deshonra." Goliadkin va a la oficina, no para trabajar, no vayan a creerse, de hecho ni entra, e interroga al escribiente Ostafyev en la entrada. Éste le dice que Iván Semionovich se ha sentado en su puesto a instancias de Filippovich. Goliadkin realiza algunas divagaciones en torno al posible complot urdido por Karolina Ivanovna. Goliadkin ve salir a su doble con una carpeta verde bajo el brazo "otro encargo especial, pensó, enrojeciendo de humillación y agazapándose aún más en su escondite." En lugar de salir Ostafyev aparece otro escribiente, Pisarenko, para informarle de que no hay novedad en "el asunto de usted. Cuando haya algo se lo diremos.". Goliadkin le da la carta para Goliadkin II a Pisarenko. Mientras Goliadkin II ya vuelve en el carruaje de su Excelencia y le da la espalda a Goliadkin. Éste decide entrar en la oficina, para variar, "sus colegas contestaron a sus saludos de manera harto extraña (...) De pronto algo enteramente inesperado vino, como se dice, a dar la puntilla al señor Goliadkin, a destruirle definitivamente." Esto no era otra cosa sino Goliadkin II "gesticulando, haciendo piruetas y dando saltitos". Finalmente tiende la mano a Goliadkin I a quien saluda, para luego asestarle un nuevo golpe: "He aquí a nuestro Faublas", piensa Goliadkin al ver que Goliadkin II se sacude la mano después de estrecharla con la suya e incluso escupe al suelo. Goliadkin le pide a Filippovich entrevistarse con su Excelencia para hablarle de ese granuja, "¿Qué? ¡Claro que no!", es la respuesta del jefe de departamento. "Y dígame, ¿a quién llama usted así?". Sucede entonces una conversación de Goliadkin con Anton Antonovich "Todo quedará explicado a su debido tiempo. Hoy mismo se le informará a usted oficialmente. Nada tiene que ver con lo de ayer. Es otra cosa en usted lo que no está bien", termina diciéndole Antonovich. Es cuando le echa en cara sus conductas: improcedente con joven y noble dama, loable con pobre extranjera, y desleal y calumniosa con otro individuo. Goliadkin trata de defenderse, llega Pisarenko y le entrega una carta, Goliadkin la guarda en un bolsillo.
Capítulo XI.
Goliadkin persigue a su doble para hablar con él, definitivamente: "Alma mía, no tengo tiempo", le intenta esquivar el granuja, "¡Canalla!", le replica Goliadkin. Finalmente acuerdan tomar algo en un café cercano. "Eres un buen amiguito", apunta Goliadkin II. Allí el falso Goliadkin acusa al verdadero Goliadkin de dar falsas esperanzas a damas "en cuyas casas nos alojamos". Luego de algunos rodeos coloquiales que bordean el absurdo Goliadkin está a punto de despedazar al falso Goliadkin , pero éste es más rápido y desaparece. Goliadkin le sigue y se sube al coche donde va Goliadkin II hasta que "una sacudida imprudente" le hace caer del coche. "No importa. Todo esto quizá sea todavía para bien." Por fin llegó el momento de leer la carta que le había dado Pisarenko y cuya existencia había olvidado Goliadkin. Es una misiva de Klara Olsufievna: "espérame en tu coche a las nueve en punto de la noche junto a las ventanas." Leer para creer. "Después de leer la carta, nuestro héroe quedó estupefacto algunos minutos." Después de cierta confusión con el camarero y los platos sucios de su mesa Goliadkin encuentra el frasco de la farmacia "que cuatro días antes le había recetado Krestyan Ivanovich", el cual se le escapa y se hace añicos ¡Con que mi vida está en peligro!". Cuando llega a casa un ordenanza de la oficina, Miheyev, le entrega un sobre en el que se le indica que deje todos sus asuntos de la oficina en manos de Ivan Semionovich. Una vez en casa ve cómo Petrushka está ordenando sus bártulos para marcharse.
Capítulo XII.
En el que Goliadkin habla con Petrushka y éste termina recomendándole que le compre a una vecina una capa de piel de zorro con forro de satén, ya que Goliadkin le ha dicho -sin saber bien por qué- que él también se marchará, aunque no sabe adónde. "Compro la capa, ¡pero deprisa, por favor!". Por fin Goliadkin resuelve tomar la iniciativa y alquilar un coche. Mientras tanto sus sentimientos hacia Klara -de la que le creemos enamorado desde el principio, a juzgar por su rara conducta-, están experimentando una transformación estrafalaria debida a la carta recibida: "¡Vaya, vaya, respetable señorita! ¡Esta vez se ha sobrepasado usted que digamos! Todo ello es consecuencia de una educación inmoral." Las cavilaciones de nuestro héroe lo llevan de un lado a otro de la balanza del amor. "Las leyes prohíben sacar a una muchacha honrada e inocente de la casa paterna sin consentimiento de sus progenitores". El lado práctico de la vida parece anteponerse al espiritual del amor: "Yo soy empleado del Estado y podría perder mi destino por una cosa así." Goliadkin ve en la figura de la alemana (la bruja) el origen de todo el complot para destruirlo, movido a instancias de Filippovich. Pero esta idea le dura poco: "Usted es la causa de todo ello, señorita, y no la alemana, la muy bruja", derivando la responsabilidad en su ¿aún amada? Klara. Goliadkin planea ir a ver a su Excelencia: "Le diré: Pues tal y cual. Pongo mi suerte en sus manos, en manos de la superioridad." Alquila un coche por seis rublos la noche y se dirige finalmente al puente Izmailovski, pero a medio camino rectifica y pone rumbo a la casa de su Excelencia. Tras alguna objeción por parte del servicio termina siendo recibido, sin embargo no consigue hacerse entender y su Excelencia se vuelve de espalda a Goliadkin para atender a sus invitados, Andrei Filippovich y como descubre poco después ¡el propio Goliadkin II! "Es un villano y un pervertido, Excelencia", le aclara Goliadkin refiriéndose a su doble. El capítulo finaliza con Goliadkin I siendo ridiculizado una vez más por el impostor Goliadkin quien le echa el gabán por encima mientras lo despide: "¡El gabán de mi amigo!". Ahora Goliadkin monta en su coche hacia el puente Izmailovski.
Capítulo XIII.
En el que Goliadkin se oculta tras unos leños bajo la casa de Klara Olsufievna a la espera de una señal suya para huir. Al rato se le acerca el cochero extrañado por la conducta de su cliente: "¿Es que no va a irse pronto señor?", "No tardaré mucho, espero", le contesta nuestro héroe. Goliadkin reflexiona sobre las escasas posibilidades de éxito de su plan con Klara, de modo que abandona, pero rápidamente vuelve con otra mentalidad: "Vale más abordar la cosa desde otro ángulo". Así que regresa a los leños hasta que es descubierto desde la casa: "todos miraban y señalaban hacia donde estaba. Delatado, se enfrenta a la realidad y entra en la casa, así se presenta ante Olsufi Ivanovich y su hija Klara Olsufievna. Después de una esperpéntica -y a ratos incomprensible- escena aparece el doctor Krestyan Ivanovich: "Espero que no haya nada reprobable o que pueda provocar medidas severas o causar atención desmedida en lo tocante a mis funciones oficiales -dijo aturdido nuestro héroe." Goliadkin accede a irse con el doctor pero "¡Este no era Krestyan Ivanovich! ¿Quién será? ¿Y si de verdad es él? ¡No el Krestyan Ivanovich de antes, sino otro! ¡Un Krestyan Ivanovich terrible!".
LA INTRODUCCIÓN DE LÓPEZ MORILLAS.
López menciona la familiaridad que debió suponer esta obra para los lectores de la época ya que utiliza el tipo favorito de Gogol, el funcionario público, es decir, el chinovnik. Resalta la inevitable equivalencia entre persona y función que existe en la sociedad, es decir, el escalafón que uno ocupa en el entramado laboral determina su grado social, y Goliadkin es un funcionario de escalón bajo. En su día El doble se vio como una malograda y perversa imitación de Gogol: "El temor del doble, caro a los románticos, había sido tratado en particular por Gogol y Hoffmann. Pero fue Dostoyevski quien descubrió en él todos sus espeluznantes -trágicas a la par que grotescas- posibilidades." Incluso López tiene la siguiente teoría: "Cuando su ambición se ve frustrada al ser expulsado del baile, la mente desquiciada de Goliadkin "inventa" un doble que vendrá a encarnar paródicamente muchos de sus propios defectos y algunas de sus aspiraciones inconfesadas, y de paso a cosechar algunos de los triunfos que a él les son negados."
PARAMÉTRICA.
Dostoyevski utiliza algunos parámetros -o herramientas o recursos- con los cuales da forma a esta rocambolesca historia.
1. Cavilaciones (por reflexiones).
Producto todas ellas de la mente de Goliadkin verdadero. Un estilo narrativo, el del monólogo interior, y no sólo cuando está en soledad sino en compañía de otros, que anuncia al Raskolnikov de Crimen y Castigo.
2. Extrañas relaciones con los personajes del entorno (en forma de diálogos tan brillantes como desconcertantes).Con:
- el personal de la Oficina;
- el personal de distintos servicios (su criado Petrushka, cocheros, camareros,...)
- el entorno de su amada Klara (Casa de Olsufi Ivanovich);
- el funcionario Anton Antonovich. Es el único personaje con quien Goliadkin no se enfrenta. Algunas conversaciones con él nos darán bastante datos de lo que ocurre y vemos en su figura una mano que pretende ayudar a Goliadkin hasta en los peores momentos.
3. Cartas: de Goliadkin a Goliadkin II (dos), a Vahrameyer (una); de Vahrameyer a Goliadkin, de Klara a Goliadkin (ver apartado Las cartas).
4. Presunta situación alucinógena.
En un perfecto juego en el que no se evidencia la naturaleza de algunos sucesos y situaciones, y en los que la sombra del delirio aparece por momentos para alumbrar contextos y conversaciones de otro modo incomprensibles.
5. Asunción del papel de héroe -mencionado como tal por el narrador en varios momentos del texto- por parte del protagonista, en la que puede adivinarse cierto homenaje (¿o burla satírica?) a la popular novela de Mihail Lermontov Un héroe de nuestro tiempo, de 1840.
REFERENCIAS HISTÓRICAS y LITERARIAS.
A veces Goliadkin se descuelga con alguna cita o referencia a personajes históricos o literarios que enriquecen el texto. Algunos son:
- El falso Demetrio.O Dimitri III el Falso. Hijo menor de Iván el terrible quien reclamaría su trono al morir éste, y siendo nombrado zar en 1611. Mencionado por Goliadkin en la página 102 para referir la impostura de Goliadkin II.
- Faublas. Los amores del caballero de Faublas, de Jean Baptiste Louvet de Covray (trilogía que data de 1787-1791). "He aquí a nuestro Faublas ruso", dice Goliadkin II refiriéndose a Goliadkin I en la página 142.
- Jean-Baptiste Guillaume Joseph Marie Anne Séraphin, conde de Villèle (14 de abril de 1773 - 13 de marzo de 1854): estadista y Primer ministro francés en varias ocasiones. Goliadkin le cita en la página 48: "todo llega a su debido tiempo para quien sabe esperar".- Iván Krylov. Moscú 1769, San Petersburgo 1844. Autor de nueve volúmenes de Fábulas de gran éxito en Rusia y que lo emparentan con Esopo. En la página 77 Goliadkin se refiere una fábula de Krylov y se cita textualmente: “Basta con levantar la tapa”.
NATURALEZA DEL DOBLE.
La clave de la novela está en el estado mental de Goliadkin. Es decir, ¿realmente sucede lo que se narra o sólo es producto de la imaginación del protagonista? Ya en la introducción de esta edición López Morillas adelanta el estado esquizofrénico de Goliadkin, el cual determina la existencia de su doble Goliadkin II. Realmente estoy en contra de estas apreciaciones, sobre todo, previas a la lectura de la novela, es por ello que pienso que los prólogos deberían estar al final.
Entonces ¿cómo maneja esta circunstancia Dostoyevski para que pueda convivir la situación real de los personajes y la propia trama frente a la realidad percibida anómalamente por Goliadkin? Esta incursión de lo "potencialmente falso" en la historia presuntamente real presenta algunas divergencias que la ponen de manifiesto. Estos detalles que descarrilan con respecto a la visión de Goliadkin son el único asidero que el lector tiene para cuestionar la existencia real del falso Goliadkin.
Ejemplos.
1 - La actitud de Petrushka, el criado:
En el capítulo VIII cuando al comienzo del tercer día Goliadkin repara en la ausencia de Goliadkin y observa extrañado el silencio de su criado respecto a la visita de la noche anterior: "Luego contestó rudo y destempladamente que el amo no estaba en casa. -¡Yo soy tu amo, Petrushka, mastuerzo!". Entonces Petrushka le explica que "el otro" había salido hacía hora y media sin haber querido esperar. En el capítulo IX Goliadkin advierte cierta sorna en la actitud de Petrushka cuando le envía a la oficina a que le lleve una carta a su doble: "-Si cuando llegues allí..., donde llevas la carta..., ese señor Goliadkin, aquien se la vas a dar... ¿De qué te ríes, zopenco? -¿Yo, reírme? ¿reírme de qué? No, señor, la gente como yo no se ríe." Y en la página 118 cuando Goliadkin a su regreso le interroga por el resultado de su misión: "¿Qué has hecho con la carta, ladrón? ¿A quién se la diste?", y contesta el criado: "No di a nadie ninguna carta. No tenía ninguna carta. ¡Con que ya lo sabe usted!".Y también: "¿Viste al oficial Vahrameyev, sí o no?". Y contesta Petrushka: "No, No hay tal oficial. ¡Que me quede en el sitio si...!". Y después: "Me voy con las buenas gentes (...), las que viven sin falsedad y no tienen dobles...
2 - Filippovich. En una conversación con Filippovich, Goliadkin le reclama la impostura del doble. En la página 143 Goliadkin se dirige a Andrei Filippovich, el jefe de su departamento: "me sorprende que nadie haya desenmascarado a ese granuja e impostor", y Filippovich contesta extrañado: "¿A quién?", "A ese granuja", reitera Goliadkin, "Y dígame, ¿a quién llama usted así?".
3- Anton Antonovich. Es el único personaje con quien no se enfrenta Goliadki. El único que intenta comprenderle e incluso ayudarle. Es el testimonio más lúcido y racional de la novela y el que definitivamente nos incita a pensar en una enfermedad mental de Goliadkin.
En un momento de sus conversaciones el oficial mayor le dice a Goliadkin: "supongo que el asunto de usted no tardará mucho en aclararse. Usted mismo verá a quién debe culpar y a quién acusar." También le dice clarmente: "¿Sabe lo que le aconsejo, Yakov Petrovich? Que consulte con un médico". En la página 144 Goliadkin le dice: "Espero que al menos usted, Anton Antonovich, consienta en escucharme y considerar mi caso". El propio Goliadkin estima que es un buen hombre, para a renglón seguido "ahora que lo pienso está demasiado choco y se cae casi de viejo".
4 - La sospecha del propio Goliadkin:
Entonces pensamos ¿existe Goliadkin II?, ¿existe esa persona en su totalidad o sólo como Goliadkin II?, es decir, puede que Goliadkin vea en otro funcionario a su doble o puede que vea a su doble donde no hay nada.Otra situación que nos hace sospechar de la realidad de Goliadkin II es su comportamiento clownesco en ocasiones, como dando saltitos y piruetas en la página 141. El propio Goliadkin tiene momentos de duda con respecto a la realidad de su doble. Momentos de lucidez, por decirlo de algún modo, aunque estos no llegan a concretarse, así en la página 71: "¿Quién ha admitido a este empleado? ¿Quién lo ha autorizado? ¿Estoy dormido? ¿Estoy soñando?". Esta cuestión se la plantea Goliadkin en el capítulo IV. Curiosamente en el capítulo X se describen unas pesadillas que atormentan a Golaidkin y que consisten en apariciones numerosas de su doble. Aquí vemos una correspondencia literaria entre sueño y psicopatía.El propio doctor, ya en el capítulo I, advierte en Goliadkin cierto temor maníaco-persecutorio. Por otro lado, la primera vez que Goliadkin ve a su doble es en el capítulo V. Se lo encuentra en el muelle Fontanka, cuando vuelve a casa. No es hasta la tercera vez que se lo cruza (va en su misma dirección cuando las dos veces anteriores se lo cruza de frente, ¿es el mismo? ¿cómo ha vuelto sobre sus pasos para poder encararse con Goliadkin, es simplemente otro viandante, no es nadie en realidad, una sombra?), y de ahí lo sigue hasta que lo ve entrar en su propia casa. Al final del capítulo se menciona por primera vez la palabra "doble", cuando le ve sentado en su cama "En una palabra, su doble...". En un diálogo con Anton Antonovich reconoce en la página 95: "me pongo una máscara, lo hago sólo cuando hay necesidad de ello":
Teorías.
Observamos entonces un discurso propenso a la contradicción y a la no resolución. Goliadkin ve a su doble, pero los demás ¿también le ven? En base a estos "encuentros" de la realidad con lo imaginado se pueden esbozar algunas posibles teorías::
1- Toda conversación o situación en la que interviene Goliadkin sucede únicamente en la mente de Goliadkin I. Esta teoría es de difícil lectura pues de ser así la novela no encuentra ningún punto neutral (objetivo) sobre el que la acción pueda discurrir con una mínima coherencia.
2- Toda conversación o situación que implica a Goliadkin II está referida a un tercer personaje desconocido al que Goliadkin ve como un Goliadkin II. De ser así, el impostor existe como tal salvo que no es un doble de Goliadkin. Tampoco es una teoría muy aceptable en el momento en que la base de la novela es precisamente la figura del doble, si éste no es tal doble la novela naufraga.
3- Goliadkin II es en realidad Goliadkin I, y éste visiona su propia evolución desde un punto exterior, como transportado mentalmente -por ejemplo cuando le sigue en el capítulo V hasta llegar a su propia casa-. Esto sucede cuando Goliadkin no se atreve actuar como le gustaría y es en el papel de Goliadkin II cuando actúa de tal forma -por ejemplo, cuando Goliadkin II le hace "la pelota" a sus jefes o cuando suplanta a un compañero con un trabajo que no es suyo-. Este punto es el más creíble salvo en las escenas en las que ambos interactúan con terceros personajes como en casa de su Excelencia o en la escena final. Esto es compatible con los diálogos entre ambos, en casa de Goliadkin –con la presencia silenciosa de Petrushka, quizás vea a su amo hablando solo-, e incluso con el asunto de la oficina cuando Goliadkin II le sustrae el informe para presentarlo como suyo.
4 - Las tres teorías anteriores conviven paralelamente y se van alternando según conveniencia a lo largo de toda la novela.
5 - Existe realmente un doble con el nombre de Goliadkin que le está amargando la vida al verdadero Goliadkin.
EL COMPLOT.
Desde el principio asistimos al "problema" que cree estar sufriendo Goliadkin y que quizás sea el germen que derive en su enfermedad esquizoide (y que estalla definitivamente por el fracaso en el baile de Klara Olsufievna según López Morillas). Ya en el capítulo II le confiesa al doctor la existencia de unos enemigos mortales que quieren destruirle ("definitivamente", como escribiría con maestría Bernhard un siglo después). Poco a poco nos va dejando caer Dostoyevski algunos apuntes de la naturaleza de este conflicto. En el capítulo VI: "el señor Goliadkin sabía desde hacía largo tiempo que se tramaba algo contra él y que en la conjura andaba otra persona". En el capítulo IX: "el peligro, un peligro evidente, le acechaba a la vuelta de la esquina". Este peligro no termina por concretarse. De hecho, no estamos seguros de que exista salvo en la mente de Goliadkin. De modo que Goliadkin convive con dos extrañas figuras amenazantes: la de su doble y la del complot, ¿acaso sean la misma cosa? Todo parece indicar que tras ese supuesto complot se encuentra la figura de la rusa, una "bruja", pobre pero honrada cocinera en cuya casa estuvo pensionado Goliadkin y a quien parece prometió el casamiento, saliendo por patas en algún momento para alojarse en su residencia actual de la calle Shestilavochnaya. A través de la última conversación con Anton Antonovich en la oficina éste le reclama su actitud hacia esa señora.
EL NARRADOR.
La obra está narrada en tercera persona, y aunque el protagonista principal es Goliadkin, se trata de un ente ajeno quien nos cuenta esta "verídica historia" como se dice en alguna ocasión. En el capítulo IV hay 3 apariciones explícitas de este narrador. En dos de ellas se refiere al lector directamente como si de una obra teatral se tratara con un sintomático "señoras y señores". La primera ocasión en la página 47: "Él también, señoras y señores, se encontraba allí, es decir, no precisamente en el baile, sino casi en el baile". La segunda ocasión en la página 48: "He aquí la situación, señoras y señores, en que encontramos ahora al héroe de nuestra verídica historia, aunque sería arduo explicar lo que precisamente le ocurría." Es el episodio en el que Goliadkin se encuentra en la escalera de servicio de la casa de Olsufil Ivanovich, esperando para colarse en el baile de cumpleaños de su amada Klara Olsufievna. La otra aparición del narrador es también ese capítulo 4, justo antes de lo anterior, en la página 46. "Huelga decir que mi pluma es demasiado torpe...", cuando se refiere a la descripción de la fiesta de cumpleaños de la joven Olsufievna.
Este narrador conoce en tal profundidad los hechos acaecidos que pensamos debe ser alguien integrado en la trama. Puede ser Petrushka, informado de alguna manera de cada suceso por algún testigo (en la oficina, en casa de Ivanovich, etc...). También puede ser el propio Goliadkin -desde el manicomio en todo caso-, Goliadkin II (en su última fechoría para con Goliadkin), el jefe de departamento Andrei Filippovich,..., aunque lo más probable es que sea el propio doctor Krestyan Rutenpintz, o incluso podría ser fehaciente la hipótesis de que sea Anton Antonovich, pues es el personaje que más cercano -afectivamente- se encuentra a Goliadkin.
ANÁLISIS CRONOLÓGICO.
Entre tantas idas y venidas llega un momento en que no sabemos cuántos días transcurren en la aventura de Goliadkin. Sin embargo está muy claro el seccionamiento diario pues se reseña específicamente cada amanecer, todos ellos sucedidos en casa del propio Goliadkin. Haciendo un pequeño repaso a los diferentes capítulos nos encontramos el siguiente desarrollo cronológico:
Día 1.
Capítulo I. Habitación de Goliadkin. 8 de la mañana. Salida en coche y encuentros con escribientes y con Filippovich.
Capítulo II. Visita al doctor Krestyan Ivanovich.
Capítulo III. Grandes Galerías. Puente Izmailnovski. Casa de Olsufi Ivanovich. Capítulo IV. Cumpleaños de Klara Olsufievna. Descansillo de escalera de servicio. Expulsión del baile.
Capítulo V. 12 de la noche. Muelle Fontanka. Encuentros con extraño. Casa de Goliadkin: el doble.
Día 2.
Capítulo VI. 8 de la mañana. Silencio de Petrushka. Oficina. Conversación con Goliadkin II.
Capítulo VII. Casa de Goliadkin. Goliadkin y su doble.
Día 3.
Capítulo VIII. Mañana siguiente, 8 de la mañana. Silencio de Petrushka. Oficina.
Capítulo IX. Peligro. Pasteles de pescado. Carta a Goliadkin II. Carta a Vahrameyer. Segunda carta a Nestor Ignatievich Vahrameyer.
Día 4.
Capítulo X. Pesadillas con Goliadkin II. Una de l mediodía. Carta a Goliadkin II. Oficina (Ostafyev y Pisarenko). Carta de Klara.
Capítulo XI. Goliadkin I y II en un café. Lectura de carta de Klara. Capítulo XII. Petrushka se marcha. Casa de su Excelencia. Camino del Puente Izmailnovski.
Capítulo XIII. Puente Izmailnovski. Escondido tras leños. Escena final en casa de Osulfi Ivanocich. Aparición del dostor Krestyan Ivanovich.
Tenemos, por tanto, la acción relatada en el transcurso de 4 días y a través de 13 capítulos.
La estructura por capítulos y días quedaría como sigue:
Día 1: 5 capítulos (I a V).
Día 2: 2 capítulos (VI y VII).
Día 3: 2 capítulos (VIII y IX).
Día 4: 4 capítulos (X a XIII).
Es decir, dos días (el incial y el final) más extensos y dos días intermedios más cortos, conformando una estructura ABBA.
LAS CARTAS.
En el capítulo IX Goliadkin escribe una primera carta a su doble: " Muy señor mío, Yakov Petrovich. Jamás hubiera tomado la pluma de no ser porque las circunstancias en que me hallo y usted, señor mío, me empujan a hacerlo." En ella le reprocha su conducta en la oficina apropiándose de sus papeles. No sabemos con certeza si esta carta llega a su destinatario ya que es enviada por medio del criado Petrushka a la oficina quien debe entregarla a Vahrameyer, el viguilante de guardia. Sin embargo al regreso Petrushka dice no haber visto a Vahrameyer, no conocer la existencia de ninguna carta, y por supuesto asegura no traer respuesta tal y como se pedía en la misiva enviada por Goliadkin. No obstante al poco Goliadkin encuentra una carta de Vahrameyer que debe haber traído Petrushka, aunque lo haya negado. "Muy señor mío, Yakov Petrovic: Su criado está borracho...". Goliadkin contesta a Vahrameyer para sacarle del malentendido creado: "Muy señor mío, Nestor Ignatievich: Con estupor y y honda pesadumbre he leído su afrentosa carta, pues por ella veo claramente que cuando habla usted de personas descaradas y falsamente bienintencionadas se refiere usted a mi."
Al día siguiente -ya en el capítulo X- la carta para Vahrameyer ha desaparecido y Goliadkin sospecha de que alguien ha comprado a Petrushka. Entonces escribe una nota para Goliadkin II: "Muy señor mío, Yakov Petrovic: O usted o yo. Ya no hay sitio para los dos."
En el capítulo XI hay una cuarta carta firmada por Klara Olsufievna y dirigida a Goliadkin. Se la entrega el escribiente Pisarenko, la misma dice habérsela entregado el vigilante Mehyev, quien la ha traído a su vez de la casa de Vahrameyer. En ella Klara le comunica sus planes de escapada: "A la noble persona que sufre por mi y aquien de todo corazón querré eternamente." Este comunicado se presenta como totalmente falso a los ojos del lector ya que no hay ningún indicio de que los sentimientos de Klara hacia Goliadkin sean de esta naturaleza. Todo apunta a constituir parte del consabido complot para desestabilkizar a Goliadkin o bien a que sea igualmente producto de la imaginación de Goliadkin.
COMENTARIO CRÍTICO FINAL.
Es una novela graciosa. Me ha gustado.jueves, 25 de noviembre de 2010
Sí, de Thomas Bernhard

Título original: Ja.
Autor: Thomas Bernhard (1931-1989).
Nota: En la solapa se indica como fecha de muerte el año 1988 pero en realidad es 12 de febrero de 1989.
Año de publicación: Suhrkamp verlag Frankfurt and Main, 1978.
En España, Editorial Anagrama, 1981.
Traducción: Miguel Sáenz.
Prólogo: Luis Goytisolo.
1. El comienzo:
"El Suizo y su compañera llegaron a casa del corredor de fincas Moritz precisamente cuando yo, por primera vez, no sólo trataba de describirle a Moritz y, en definitiva, explicarle científicamente los síntomas de mi enfermedad sentimental e intelectual, sino que había ido a casa de Moritz, probablemente la persona que en ese momento me estaba realmente más próxima, para volverle del revés, súbitamente y del modo más desconsiderado, la cara interna, no sólo enferma sino totalmente deformada ya por la enfermedad, de mi existencia, que hasta entonces sólo conocía él en un aspecto superficial que ya no le irritaba y, por tanto, en modo alguno le afectaba de modo inquietante y, simplemente por la inesperada brutalidad de mi experimento, por el hecho de que esa tarde, en un momento, descubrí y desvelé por completo lo que, en los diez años de mi relación y amistad con Moritz, le había ocultado, le había escondido siempre, en definitiva, con sutileza matemática,...".
2. El estilo.
Pues estilo Bernhard cien por cien, en la línea de Hormigón, Corrección o Tala. Es decir, es un monólogo afectivo reflexivo interior en el que la repetición de los conceptos e ideas van cediendo paso a novedades en la trama y en los perfiles de los distintos personajes conformando un friso de gran originalidad y belleza plástica, así como de profundo calado filosófico y artístico.
3. La trama.
El narrador está aislado en su casa de campo intentando elaborar un estudio científico sobre los anticuerpos. Visita con frecuencia a su amigo el vendedor de fincas Moritz. Al comienzo del libro esta visita coincide con la llegada de la pareja de suizos que han comprado recientemente una finca a Moritz. El conocimiento de estos dos nuevos personajes y en concreto de la compañera del suizo, nombrada como la persa, cambiará el rumbo fatídico dramático de la existencia del narrador, si bien no por mucho tiempo.
4. Los personajes:
Moritz, el vendedor de fincas: experto en oir pasos, descubrió su vocación como vendedor de fincas por casualidad. Compró una enorme finca que le endeudó de tal forma que tuvo que vender parte de ella para hacer frente a la hipoteca. Esta venta le reportó tanto beneficio como gasto le había supuesto la compra de la finca en su totalidad. Es el gran amigo y confesor del narrador. "Durante años había podido ocultarle a Moritz esa enfermedad, pero de repente había tenido que informarle de ella, y precisamente la tarde en que había conocido a los Suizos había sido probablemente el punto culminante de mi enfermedad de falta de contacto, y al mismo tiempo la salvación." Moritz entiende que cualquier cosa es vendible, sin embargo, la venta tan rápida y exenta de problemas de la horrible finca tras el cementerio a los Suizos le sorprenderá.
El narrador: "Es posible salvarse explicándose un momento decisivo y haciendo un análisis de todo lo que guarda relación con ese momento decisivo." El eje de la novela, el corazón de la narración, el propio Bernhard y sus estudios intelectuales.
La persa: un ser tortuoso que vive su existencia como simple adjunta -testigo- del Suizo, encerrada en su mudez voluntaria, hace tiempo que ha dejado de tener ilusión por la vida y que sólo parece abrirse vitalmente ante la aparición del narrador con quien sostiene algunas conversaciones interesantes en sus paseos por el bosque de alerces -hasta que al magnetismo entre ambos desaparece-. Al igual que el narrador adora a Schumann y es la destinataria de la pregunta elemental cuya respuesta propiciará el título de esta novela.
El Suizo: un ingeniero de centrales eléctricas que ha estrechado la manos nobles de varios países como la del rey de España. Compró una finca horrorosa a Moritz, ante la propia sopresa del vendedor. Dos horas después de la compra ya enseñaba Moritz los planos de la edificación que llevaría a cabo en dicha finca húmeda y ruinosa, tras el cementerio. "Mi impresión era que la casa dibujada en el plano del suizo parecía una central eléctrica y realmente la construcción, cuando la vi al natural, me pareció una central eléctrica, era lo opuesto a toda idea de una vivienda y, como no podía dejar de ocurrir, producía un efecto de rechazo en las personas, era, por tanto, cualquier cosa menos una morada para retirarse, más bien había parecido, vista así desde fuera, el blindaje de hormigón de una máquina que trabajara dentro de él y no necesitara ni luz ni aire."
Uno piensa, demonios, ¿cómo ha podido construir semejante horror? El transcurso de los hechos lo explicará todo, o casi todo.
La dueña de la fonda: la primera vez que el narrador queda con la persa para dar un paseo por el bosque de alerces tiene que esperarla un rato en la fonda junto a la dueña con quien conversa sobre temas agropecuarios, aunque ella está deseando contarle al narrador cosas, chismes, sobre los Suizos. "Todo, en una persona como la dueña, es negocio. Inteligencia, sentimientos, todo se aplica sólo a los negocios." La dueña aventura un destino fatal para el narrador: "¿No había dicho ella que creía que me había muerto?", ante la ausencia de 3 meses del narrador. Es una pregunta desgarradora, alguien te cree muerto y sólo te recuerda cuando vuelves a aparecer, y sólo se le ocurre decir que te creía muerto. Esto guarda relación íntima con la pregunta final a la persa, una pregunta que quizás lleve haciéndose bastante tiempo el propio narrador a sí mismo.
El estudio científico:
Como en La calera y el trabajo sobre el oido humano, o el trabajo intelectual sobre Mendelssohn en Hormigón, en Sí hay un trabajo intelectual a desarrollar, en este caso sobre anticuerpos, qué anticuerpos, no lo sabemos. "Y había creído realmente poder quedarme solo con mi trabajo científico, poder aguantar sólo con mis estudios científicos durante toda la vida y llegar solo, solamente con mis estudios científicos, a mi objetivo, lo que, sin embargo, poco a poco y de pronto con la mayor certeza, hubo de revelarse como totalmente inviable y totalmente imposible." Pero hombre, ¿cómo se te ocurre? ¡quedarte a solas con tus estudios científicos para lo resto!
Para no correr el riesgo de fracasar totalmente el narrador acude a sus llamados "contraestudios, los musicales y filosóficos y filosóficomusicales y al revés".
Dualidad salvación/aniquilación.
Como un personaje de la novela más asistimos al enfrentamiento de este binomio antitético. El narrador parece estar buscando continuamente la salvación y a menudo encuentra únicamente la aniquilación. En la persa verá un reflejo de sus preocupaciones existenciales. Esto les llevará a un primer acercamiento ilusionante y a una separación drástica finalmente.
Los cuartos. El de los libros, sólo y exclusivamente preparado para la lectura de libros, y el de las manías, para leer las partituras de Schumann.
5. Lugar que ocupa dentro de su obra.
Es una novela de 1978, publicada cuatro años después de su anterior novela Corrección (obra maestra). En ese tiempo escribió tres volúmenes de su autobiografía El origen, El sótano y El aliento, así como obras teatrales. La siguiente novela sería Los comebarato (1980) (obra maestra). En ese año Patrick Modiano recibe el premio Goncourt por La calle de las tiendas oscuras.
6. El título.
Es la última palabra de la novela. Es la respuesta a una pregunta que el narrador le llegó a plantear a la persa en un momento dado y que recuerda después de que los hechos cruciales del final de la novela hayan tenido lugar. Es quizás la pregunta más directa y existencialista y dramática que se le pueda plantear a una persona. Así como la respuesta dada es la más dramática, directa y existencialista que se pueda dar a esa pregunta.
7. Paralelismos.
He observado algunos paralelismos intra e internovelescos. No sé si porducto de mi imaginación, de la casualidad o de la intención de Bernhard.
7.1. El narrador es salvado por la presencia de los Suizos en casa de Moritz. El narrador venía de una crisis de tres meses sin salir de su casa, enfrentado a su estudio científico que está colapsado por el exceso de aislamiento. "Si los Suizos no hubieran entrado en ese momento en casa de Moritz y en el despacho, probablemente me habría vuelto loco esa tarde."
Así mismo la persa es salvada por la presencia del narrador, quien será su balsa de flotación durante una parte de la novela.
7.2. El narrador se confiesa a Moritz con respecto a su tremenda enfermedad intelectual y sentimental al principio de la novela.
La persa se confiará al narrador con respecto a su fracaso existencial igualmente en el último paseo por el bosque de alerces.
7.3. Otro paralelismo se aprecia en la compra de la finca, precipitada y sin reflexión previa tanto por parte de los Suizos como por parte del narrador años atrás, también a Moritz, ambas compras ruinosas y desastrosas.
7.4. Con su novela Hormigón: la trama va desarrollándose a través del flujo interior del narrador hasta que el final se precipita en una secuencia altamente trágica. En Hormigón el protagonista quiere escapar de su fracaso mediante un viaje, en Sí ese fracaso queda interiorizado aumentando de tamaño con el tiempo. Es una diferencia que emerge del paralelismo igualmente y que tiene mucho que ver con la dualidad salvación/aniquilación antes mencionada.
8. Referencias artísticas.
Schumann y Schopenhauer con su "El mundo como voluntad y representación": "En ningún otro libro he encontrado nunca un lenguaje más claro y una inteligencia igualmente tan clara, ninguna obra literaria ha ejercido nunca sobre mí un efecto más profundo".
Son dos columnas, Schumann y Schopenhauer, a las que se aferra el narrador en los momentos de crisis para subsistir, lo que pasa es que a veces ni siquiera esas armas le son de utilidad. "Durante toda mi vida me he ocupado de Schumann como de ningún otro compositor, del filósofo Schopenhauer por una parte, del compositor Schumann por otra, pero de pronto no tenía ningún acceso a esa música de Schumann y había pensado, de pronto no tienes acceso a la música de Schumann, a la que siempre has tenido acceso, siempre ha sido para mi la música de Schumann la salvación, lo mismo que, por otra parte, El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer, y tuve que renunciar a mi intento de salvarme de mi depresión mediante Schumann."
Y es que para poder asirse a la tabla de salvación (Schumann y Schopenhauer), hay que estar previamente en disposición de hacerlo. Entonces uno se pregunta si son realmente tablas de salvación y no meras entelequias, es decir, Schumann y Schopenhauer sólo funcionan cuando uno está en vías de salvación, nunca antes. La insatisfacción es tal que ni Schumann ni Schopenhauer pueden ejercer su supuesto efecto balsámico.
9. La traducción.
Perfecta como siempre en Sáenz. Quizás algo extraño el uso de "recibimiento" en lugar de "recibidor" como "antesala", si bien ambos términos son válidos. Puede que haya sido una elección dada la rareza que pueda provocar la lectura del sinónimo escogido, "recibimiento", aumentando así la tensión interna del narrador.
10. El prólogo de Luis Goytisolo.
Se apuntan algunas referencias como Beckett, Kafka, Musil, incluso Nabokov, aunque Goytisolo enseguida afirma que la obra de Bernhard es suficientemente carismática como para poder prescindir de referencias ajenas. El prologuista da algunas claves de la prosa de Bernhard: "Un desarrollo no menos descompensado en su secuencia temporal -lento, casi estancado al principio y precipitado hasta el aturdimiento en las últimas páginas-, que desequilibrado desde el punto de vista argumental, en razón de la cada vez más obvia desproporción existente entre las conjeturas del protagonista y el objeto de esa conjeturas." Bueno, no veo ese desequilibrio, más bien todo lo contrario, una obra plena de equilibrio en todos sus aspectos y compensada de forma virtuosa y magistral.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Si mi biblioteca ardiera esta noche (I), de Aldous Huxley. Ensayos sobre arte, música, literatura y otras drogas.

martes, 26 de octubre de 2010
Libro de réquiems, de Mauricio Wiesenthal.

Mientras leía este libro de Wiesenthal empecé a ser consciente de la dificultad que entrañaría un comentario del mismo. Pensé en citar algunos pasajes, hacer algún comentario relacionado con ellos y dar una impresión general del libro y del autor.
Ya en el primer capítulo, Oración, Wiesenthal sienta las bases de sus intenciones:
"Este libro de réquiems es también, en cierta manera, un libro de memorias, porque, en sus páginas, he reunido a grandes y pequeños personajes que forman parte de mi vida".
Es cierto, a lo largo de los diferentes capítulos Wiesenthal escribe biografías, a su manera, de grandes personajes de la literatura y de la música, principalmente, como Goethe, Nietzsche, Zweig, Mozart, Beethoven, Casanova, lord Byron, Balzac, Oscar Wilde, Liszt, Chopin,...
Hay una frase en este primer capítulo que me gusta: "Pienso también que los encuentros y los azares van dando contenido a nuestra vida, más allá de nuestra propia voluntad y de nuestros deseos." No soy nada supersticioso, si es que la superstición tiene algo que ver con el azar, pero sí creo firmemente en el azar. A veces uno tropieza con los mismos objetos, músicas o personajes desde diferentes caminos. Son cosas que me parecen muy literarias y que gente como Paul Auster ha explotado en su narrativa. El problema de estas casualidades es que en ocasiones resultan tan fantásticas que no parecen reales sino más bien fruto de la imaginación.
Una pluma perdida en San Petersburgo. Cita con un condenado a muerte.
"En una biblioteca de San Petersburgo encontré un retrato de mi amigo muerto. No era trágico, como el terrible Cristo yacente que pintó Holbein y que a él tanto le impresionaba. Se había quedado inmóvil, arrebatado por el trance, cuando vio en el Museo de Basilea aquel rostro desencajado. Prefiero a Dostoievski muerto, porque el Cristo de Holbein parece un pobre epiléptico en el paroxismo de su sufrimiento." He escogido este trozo porque de alguna manera estoy topándome con el Cristo de Holbein en varias referencias bibliográficas. Lo curioso es que desconozco esa pintura de Holbein, un autor al que venero, sobre todo desde que pude ver en persona sus Embajadores de la National Gallery en Londres. Sé que se encuentra en Basilea. También sé que tarde o temprano iré a esa ciudad suiza a verlo, y también sé que intentaré frenar el impulso fatídico y fácil de ver una reproducción del cuadro con solo apretar un botón. Por otra parte me parece muy desafortunada la comparación del Cristo con el epiléptico cuando sabemos que epiléptico fue Dostoievski, es como si dijera, mira, el epiléptico no parece epiléptico pero sí lo parece el Cristo, ¿a qué viene eso?
Me gusta del libro de Wiesenthal cuando nos ofrece una visión más humana de los genios creadores. Es una buena ocasión también para que el propio Wiesenthal se suelte un poco y demuestre de lo que es capaz artísticamente -que es algo, yo al menos, al igual que muchos otros, soy incapaz de expresarme así.
"Perdido en San Petersburgo, sigo caminando hasta el monasterio de Alejandro Nevski, donde está enterrado mi amigo. Llevo en las manos un rosario de madera, acabado en una borla negra, que compré en la iglesia de Nuestra Señora de Vladimir, delante de la casa donde vivió Dostoievski. Le gustaba vivir cerca de las iglesias, para ver las cúpulas frente a su ventana. Y le gustaban las casas que hacen esquina, los relojes, los marcos barrocos, los cigarrillos que liaba parsimoniosamente con la mezcla de tabaco Laferne, que se vendía en unas cajitas ovaladas de metal, los iconos de la Virgen con su cubierta de plata, los muebles pesados, los paraguas, las siluetas de papel, los sombreros altos, los grabados de Rafael y las habitaciones grandes que no podía pagar."
- Una mujer como Coco Chanel. El Bar del Ritz.
No sé por qué el bar del Ritz es Bar con mayúscula pero así lo escribe Wiesenthal.
"El Bar del Ritz fue, para mi, el mejor refugio literario de París: alejado de los esnobs de la Rive Gauche y de los cantautores de la clerecía intelectual que se morían, en los años de mi juventud, por las cuevas y los cafés de Saint Germain. Nunca he sabido por qué las tardes del Flore y del Deux Magots se me daban tan mal. Se me amontonaban sobre el papel las comas, las barras y los guiones, como se le amontonaban los andiamos de la técnica a tantos ilustres genios de la literatura de nuestro tiempo."
Aquí Wiesenthal se revela contra esa grupe de intelectuales que tanto gustan a Vila-Matas y que se apoltronaban en los bares de la ribera izquierda del Sena, en el barrio latino, para escribir sus obrillas existencialistas. Es curioso cómo Wiesenthal parece hacer crítica de estos genios por su torpeza con las leyes gramaticales. ¿A quién le improtan las comas y los guiones, señor Wiesentahl? Lo importante, lo fundamental es lo que salga del cerebro del autor, no las convenciones técnicas. Siempre y cuando no contradigan el contenido del mensaje, claro, tampoco hay que desvariar en exceso.
- Pidiendo la fundación del Estado del Dolor. Réquiem por Stefan Zweig.
Pues sí, Zweig acabó en la ciudad brasileña de Petrópolis, ingiriendo una dosis de veronal suficiente como para mandarlo al otro mundo. Pero me quedo con un extracto melancólico y vienés:
"El Café Central -tan querido por Zweig- es el último de los grandes cafés vieneses que ha sobrevivido a todas las minas. En sus mesas se han escrito tantas cartas que es el único lugar que conoce todos los secretos de la vida vienesa: las historias de los poetas sin casa, los chismes de las pensiones, la literatura de las postales coloreadas (...) Las vidrieras de la cúpula del patio interior arrojan sobre las salas un reflejo irreal, una luz de acuario que me recuerda al mundo surrealista de Paul Klee: una atmósfera que confunde lo irreal y lo surreal, lo semoviente y lo estático, lo abierto y lo cerrado... con una música cadenciosa de lluvia sobre los cristales."
Cuando leo cosas relativas a los cafés de Viena no puedo dejar de pensar en Thomas Bernhard, en el café del Ambassador, leyendo sus periódicos hasta altas horas de la tarde. Yo quiero ser escritor maldito en mi país.
- Poema de amor en Rusia. Dos manos unidas en Iásnia Polaiana.
Con este título cursi abre Wiesenthal el capítulo dedicado a Tólstoi.
"Siempre le gustó vivir entre niños, hasta el punto que convirtió en escuela el pabellón más importante de Iásnaia Poliana, pintando los aulas de azul y de rosa. El mismo editaba los libros para los alumnos, con grandes caracteres de imprenta que se había traído de Bruselas."
A eso le llamó yo devoción por los libros.
- Réquiem por Casanova (Nota: he decidido dejar de transcribir los títulos de los capítulos, por relamidos.).
A priori era uno de los réquiems más interesantes, además Wiesenthal habría dispuesto de las memorias del personaje. Pensé que por algún lado saldría La amante de Bolzano de Márai, o al menos la ciudad de Bolzano, pero esperé en balde. Parece como si Wiesenthal estuviera reñido con autores contemporáneos, o al menos cuasi contemporáneos. Creo que el más reciente es Zweig, fallecido en 1942.
"Empolvado y antiguo, como una pieza de porcelana, Casanova se refugia en Bohemia, bajo la protección del conde de Waldstein, Tiene sesenta años cumplidos, y lo ha perdido todo, menos el espíritu: "Hay que despreciar la muerte -dice-, no la vida." Encerrado en la biblioteca del castillo de Dux escribe, una tras otra, las mejores páginas de su obra, trabaja durante trece horas diarias, con la fiebre creadora de un Balzac o de un Händel. Poco a poco, se va volviendo filósofo, como si la sabiduría fuese la última conquista de su amor."
Aquí patina Wiesenthal, su desliz seudo poético chirría, esa conquista de su amor. El amor no conquista, sino que es conquistado, y la sabiduría es lo opuesto al amor, señor Wiesenthal, no ha aprendido usted nada del personaje al que rinde homenaje.
Además observo que aquí podía haberse mencionado la sonata para piano número 21 de Beethoven, llamada Waldstein en honor al conde de Waldstein precisamente, y dado que a Wiesenthal le gusta eso de ir enredando personajes de unos y otros réquiems.
- Scherzo para Frederic Chopin.
Chopin, Geroge Sand, Valldemosa... y muy poca música en el capítulo de Chopin. Me quedo con el último párrafo, una hilación que podía haber estado mejor pero cuyo significado me parece muy poético.
"Le llevé un poco de musgo verde de la tumba de Pére Lachaise a un especialista en líquenes. "Algunas de estas especies -me dijo, después de estudiarlas- no son propias de París, sino de los húmedos bosques polacos."."
-Balzac.
Así comienza el réquiem por Balzac:
"A Honoré de Balzac me lo encontré, por primera vez, en una sala de subastas de París. El subastador anunció el lote que se ponía a la venta: "Espejo de pared Imperio, con marco de madera tallada y dorada al oro fino, decorado en relieve con adorno de flores y abejas."
-Venecia.
Uno de los réquiems está dedicado a la ciudad de los canales.
"Cuando Gustav Aschenbach, el protagonista de Muerte en Venecia, se dirige hacia el Lido, a bordo de una góndola, piensa en "silenciosas y criminales avetnuras... en la taciturna y suprema travesía de la muerte." El mismo Thomas Mann confiesa haber sentido esta extraña voluptuosidad, cuando llegó a Venecia en la primavera de 1911 para escribir su novela allí, en el Hotel des Bains, estaban, reunidos por el azar, los elementos de su obra: el mar, el joven Tadzio con sus ojos provocadores y la muerte. Mann ha utilizado todos los símbolos languidecentes de Venecia en esta novela morbosa y crepuscular: el pozo, el agua y la góndola. Especialmente la góndola aparece en sus páginas como una forma inquietante donde se acunan las sombras de la muerte."
Bueno, se le ha olvidado a Wiesenthal señalar a las ratas y la peste. Pienso en el Nosferatu de Herzog. Y en Isabelle Adjani.
- Beethoven.
Vamos a explotar un poco la sordera del genio. Recurriendo a tópicos.
"Stilleben, vida del silencio, llaman en alemán a esos bodegones que los españoles designan como "naturalezas muertas". Quizá la música de Beethoven debería ser llamada Música del silencio. "Siempre tenía aspecto grave; sus ojos, sumamente vivos, solían parecer soñadores a causa de la mirada un poco triste, forzada y dirigida hacia lo alto... Sus labios aparecían cerrados, pero el pliegue que los enmarcaba no era huraño. Sus pupilas tenían un color gris azulado y gran vivacidad. Cuando su pelo se agitaba tumultuosamente, tenía verdaderamente algo de osiánico y de demoníaco."
Me digo ¿qué demonios será "osiánico"? Me voy al Diccionario de la RAE: "Perteneciente o relativo a Osián, supuesto bardo escocés, y a las poesías que se le atribuyen." Me quedo igual.
"Así describe a Beethoven el pintor August Klöber". Lo cual evidencia dos cosas sobre Klöber: que era un malísimo compositor, pues no ha trascendido su nombre ni su obra, y que no escribía mal.
- Los libros como fetiches. Recuerdos de un bibliófilo.
"Creo que los títulos forman parte fundamental de los libros y me parece que Henry Milller tenía mucha razón cuando dijo que "hay libros que uno nunca leerá, por culpa de su título."
Esta idea es fascinante, pero si Wiesenthal cree en ella ¿por qué tituló a su libro Libro de los réquiems?
Wiesenthal propone cambios en algunos títulos como Estética de Hegel, al que llamaría Pasarela Hegel: rapados y tatuados como el rey de la jungla. ¿Es esto gracioso? ¿Es Wiesenthal un comediante? ¿No paro de reírme con su libro?
Llama la atención de algunos títulos memorables:
Dissertation of the coins of Carausius de John Kennedy, muerto en 1760. Supongo que se traducirá como Disertación de las monedas del "carajo" o algo así, para partirse.
Vida de Jesús en el vientre de su madre (1642), de Luigi Novarini. Y venga reír.
De la influencia de las colas de pescado en las ondulaciones del mar, de Ernest Ryer. Qué ocurrente.
Golf para gatos de Alan Coren, que compró en una subasta. Éste se lleva la palma.
Del poeta George Rodenbach apunta Brujas la muerta a la que un crítico contestó con una Brujas la viva. ¿Dónde estarán todas esas mentes ingeniosas en el mundo actual? ¿En la Real Academia de la Lengua?
Le recomendaría a Wiesenthal que leyera Melancolía de Földényi. Allí encontrará verdaderos títulos fascinantes de obras.
Me gustó esta parte: "Cuando voy a Brujas sigo hospedándome todavía en el Grand Hotel du Sablon y me gusta sentarme en su romántico patio interior, iluminado por las luces brumosas de su vidriera modernista y por una atmósfera decadente que guarda muchos recuerdos de mis poetas: Rodenbach, Zweig, Mallarmé, Verhaeren y del pobre Verlaine."
¿Cuánto tiempo se queda ahí sentado Wiesenthal pensando en sus poetas? ¿Diez minutos? ¿Once? A propósito ¿quién demonios conoce a Verhaeren? Ay, estos intelectuales.
-Mozart.
El capítulo sobre Mozart, uno de los más apasionantes y extensos está repleto de detalles reveladores muy interesantes. Se abre con una dramática narración de lo que está suponiendo el robo de una obra musical, de un Réquiem precisamente. Me gustó este capítulo.
Sin embargo voy a aprovechar la coyuntura par corregir a Wiesenthal:
"Wolfgang encuentra en Italia a su amigo de su misma edad: el joven Thomas Lindley, violinista prodigio, que asombra con su arte a la aristocracia florentina. Lindley morirá ahogado, pocos años más tarde. Y Mozart recordará siempre el día que se encontraron en casa de la poetisa C. y se despidieron, llorando como dos niños, después de haber tocado juntos un delicioso concierto."
Creo que Wiesenthal confunde a Thomas Lindley con Thomas Linley junior, el Mozart inglés, quien naciera realmente también en 1756, como el genio salzburgués y que nos ha dejado, pese a su juventud, obras tan notables como Song of Moses. Resulta curioso porque Wiesenthal se tira todo el capítulo llamando la atención a todos aquellos que se refieren a Mozart con un uso erróneo de su nombre, como Mozardt por ejemplo. Y resulta curioso porque él llama Lindley a Linley, lo cual no es un disparate pero sí es un error.
En resumidas cuentas es este un buen libro, bastante extenso, unas 700 páginas, de gran erudición, entretenido a veces (Wilde, Mozart, Goethe, Liszt...), otras no tanto (Lord Byron, relíos amorosos entre Nietzsche, Wagner, George Sand, cierto aire de autocomplacencia a veces insoportable, etc etc...), y que sobre todo nos hace cuestionar una interrogante fundamental relativa a la creación. Ésta es ¿qué aporta Wiesenthal a la literatura? Wiesenthal escribe bien, está muy documentado, pero su libro -escrito a lo largo de 30 años- no deja de ser un ejercicio, un ejercicio de conocimiento, de desarrollo, de estructura, de lenguaje si se quiere,... nada más. Nada más y nada menos, dirán algunos. Wiesenthal no es un creador, no es un artista, puede satisfacer a unos pero seguro que no a todos. Al comienzo Wiesenthal presume de la significación que tienen estos personajes en su vida pero acabamos de leer el libro y nos damos cuenta que no sabemos nada de Wiesenthal. En unas páginas de Oé o Bernhard conocemos mejor a estos autores que nunca conoceremos a Wiesenthal a través de estas 700 páginas. Más bien Wiesenthal parece un cronista, algo trasnochado -dada la lejanía de sus personajes-, y al que le falta algo esencial -y por lo que su obra no pasará de las librerías de ocasión-: la inquietud del genio.