lunes, 27 de junio de 2011

Hasta el fin del mundo, de Wim Wenders (1991)

Bis ans Ende der Welt.

Trilogía desarrollada en un futuro incierto (bueno, ya pasado para nosotros, transcurre en 1999) ante el desarreglo sufrido por un satélite que va a estrellarse contra el planeta Tierra. En esta situación pre-caótica circulan los principales personajes de la trama. Claire Tourneur pasa por una crisis existencial y vive en un mundo de confusión, fiestas y drogas. El inicio de la acción se centra en este personaje, en la ciudad de Venecia. Un día ella se dispone a realizar un viaje en coche hacia ninguna parte. Es cuando tropezará con dos delincuentes de poca monta -el baterista Chico y el budista Raymond- que han dado un gran golpe en un banco. En su casa de París el marido de Claire (Sam Neil) escribe su primera novela desde la soledad, Claire será la protagonista.
Claire Tourneur no es sólo la protagonista absoluta del film de Wenders sino que la actriz Solveig Dommartin -pareja del director- convierte en fascinante cada plano que protagoniza. Ella es, sin duda, el soporte artístico del film. Y no sólo eso sino que Solveig -que ya hiciera de Marion en El cielo sobre Berlín y fuera editora del documental Tokyo Ga- es la coautora de la historia junto con Wenders. Lamentablemente un ataque al corazón en 2007 nos privó de la presencia de Solveig en futuras producciones a la pronta edad de 45 años.
Digamos que la peli tiene dos partes diferenciadas. O casi podríamos decir que tres, coincidiendo posiblemente con cada uno de los capítulos de 95 minutos cada uno de los que consta la obra. 
1ª parte:  podríamos resumirla en Huida existencial de Claire+thriller detectivesco (ópalo de por medio) internacional.
La ya comentada búsqueda de sí misma de Claire tras el engaño sufrido por su marido y su mejor amiga Akiko (en una video-llamada Claire le confiesa "Siempre atraigo a delincuentes"). Encuentro con Raymond y Chicco. Éstos la envían a París con el dinero del botín. Encuentro con el misterioso hombre en St. Etienne (William Hurt), con el que prolongará el ascenso desde los infiernos en los que estaba inmersa -¿pero hacia otro peor?-. El enigmático extraño es perseguido -"I travel and see", viajo y veo, le contesta McPhee a Claire. Ambos están fuera de la ley quizás.
En París, frente al Gran Arco -muy cerca de dónde una chica se detuvo a contemplar mi dibujo con ceras del GrandeArche- por casualidad Claire escucha una conversación por vídeo-llamada del perseguidor del extraño (Trevor McPhee) y un detective privado, Winter -el alter ego de Wenders en muchas de sus pelis, el actor Rudiger Vogler-: "Encuentro a desaparecidos".
Ella, tras reencontrarse con su marido Fitzpatrick -en una, no sé si casual, referencia al autor del catálogo de obras de Domenico Scarlati, Ralph Kirkpatrick, él es el más objetivo, el analítico, como si las vidas pudieran ordenarse en un catálogo de serie-, le dice "me voy a Berlín, un amigo está en peligro".
Referencia musical, frente al Hotel Adlon de Berlin, una chica toca en la calle una suite para cello de Bach.
Referencia literaria: Claire lee un libro, ¿será Los años de aprendizaje de Willem Meister, de Goethe? No se ve bien pero bien podría ser.
"Estamos al borde de la destrucción". 
El satélite loco da vueltas y se planea destruirlo con un misil desde la tierra.
Claire encuentra a McPhee, queda con él, pero él no se presenta. Un tipo extraño aborda a Claire en el bar del hotel.
Claire contacta con Philip Winter. Localizan a McPhee en Lisboa. Allí se hospedan en Hotel Trivoli Jardim. "Está en Hotel Alhambra", dicen de McPhee.
Wenders aprovecha la ocasión para pasear por Alfama -recordamos Lisbon Story con Madredeus-, subirse al tranvía y mostrar unos excepcionales planos del puente 25 de abril.
La banda sonora: la peli está ambientada con canciones de gente como Talking Heads o Peter Gabriel, pero demonios, son covers. No me gustó mucho esta idea de Wenders, hubiera preferido música original -tipo En el curso del tiempo- o haber usado en cualquier caso las canciones originales de estos artistas.
De Lisboa nos vamos a Moscú. El dúo Winter-Claire persigue a Trevor MacPhee. Allí vuelve a aparecer el agente de la CIA y droga a Claire con pentotal, la droga de la verdad. Claire le cuenta lo del robo al banco de Raymond y Chicco. "Deja de decir tonterías".
De Moscú al Transiberiano hacia Pekín. Llegan a la fascinante Sung Li Station (¡yo quiero!). Se alojan en el hotel Tiannamen.
Tokyo: Winter es amordazado en uno de esos cubículos que usan los ejecutivos japoneses como hoteles de noche. 
La primera parte termina con Claire y Trevor en tren desde Tokyo hacia no se sabe dónde.
2ª parte:
Ahora sabemos que Trevor McPhee es en realidad Samuel Farber (¿otro juego de palabras de Wenders? me refiero a Samuel Barber, el músico americano del siglo XX, es Sam el personaje más creativo, pero es a la vez el más débil, el más incrédulo también).
Una escena que me gusta, Winter y Fitzpatrick en una calle de Tokyo, reflejados cada uno en esos espejos para facilitar la visibilidad en un cruce (¡hice lo mismo en Lucerna en 2007 y lo repetí en el mismo espejo hace unos días!). Claire y Farber se hospedan en Hotel Ryokan ("ellugar correcto").
Ahora entendemos parte de la trama. Farber lleva consigo una cámara de vídeo especial que permite ver las imágenes a las personas ciegas mediante un complicado proceso de traslación visual a partir del cerebro que ha captado esas imágenes.
San Francisco. Escena del vendedor de coches usados. Regresamos al espíritu "el desorden de las cosas" de El estado de las cosas (última parte del film).
Australia. Coober Pedy. Vuelo en avión. Colisión del satélite. Travesía por el desierto que recuerda al comienzo de la Balada de Cable Hogue de Sam Peckinpah.
3ª parte.
Llegan todos al refugio de la familia Farber. Allí está el padre de Sam, Max von Sydow, y la madre, ciega, Jeanne Moreau. Ahora sé por qué estoy aquí, dice Fitzpatrick. Y suelta un rollo sobre un tingladillo musical que han montado entre todos con cornetas aborígenes, el piano, los bombos de Chico y la armónica de Winter. 
Es cuando realmente se pone interesante la peli de Wenders, con la concreción del experimento, el cual conduce a otra idea aún más avanzada: la grabación de los sueños.
Claire y Sam se verán encadenados a sus propios sueños, no pararán de grabarlos mientras duermen y de visionarlos durante la vigilia.

Esta peli no tuvo muy buenas críticas pero creo que quizás se debiera a las versiones recortadas que se exhibieron porque aquí está todo lo bueno de Wenders -o casi-, una historia apasionante, compleja, falsamente futurista, como si de un juego paródico se tratara, con algunos planos de exultante belleza e ingenio, algunos diálogos ocurrentes, con una fascinante Solveig, un genial Vogler -como siempre- y unos eficaces Neil y Hurt. Me gustó esta peli, aunque recomiendo ver la edición del director -de 280 minutos de duración (frente a los 180 de la versión europea)- y en tres sesiones, llegar cansado a la última parte puede resultar contraproducente.
Me salió un comentario bastante disoluto, espero que me perdonen los lectores y que al menos les sirva para hacerse una idea de cómo es la peli.

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