sábado, 12 de abril de 2008

La carretera, de Cormac McCarthy



El horror, el apocalipsis, la desolación, la desesperanza...


"Personas sentadas en la acera al amanecer medio inmoladas humeando en sus prendas de vestir. Como frustrados suicidas sectarios. Otros vendrían a ayudarlos. Antes de transcurrido un año había incendios en las montañas y cánticos delirantes. Los gritos de los asesinados. De día los muertos empalados en estacas a lo largo de la carretera. ¿Qué habían hecho? Él pensaba que en la historia del mundo tal vez incluso había más castigo que crimen pero ese era un magro consuelo."
"Una tierra destripada y erosionada y árida. Huesos de seres muertos desparramados en las aguazadas. Basurales de desperdicios anónimos. En los campos casas de labor con pintura agrietada y las tablas de las paredes ahuecadas y sueltas de sus tachuelas. Todo ello desprovisto de sombras y de características. La carretera descendía a través de una selva de kudzú muerto. Una ciénaga donde las cañas yacían muertas sobre el agua. Más allá de la linde de los campos la mustia bruma flotaba por igual sobre tierra y cielo a media tarde había empezado a nevar y siguieron caminando con la lona encima de ellos y la nieve mojada siseando en el plástico."
"Al día siguiente cruzaron el río por un estrecho puente de hierro y entraron en una antigua ciudad-factoría. Miraron dentro de las casas de madera pero no encontraron nada. Sentado en un porche había un hombre en traje de faena, muerto desde hacía años. Parecía un espantajo puesto allí para anunciar una fiesta. Recorrieron el largo muro oscuro de la fábrica, sus ventanas tapiadas. El fino hollín corría negro precediéndolos por la calle."

martes, 8 de abril de 2008

CAFÉ LUMIÈRE, de Hou Hsiao-Hsien


Hou Hsiao-Hsien nació en China aunque se trasladó a la isla de Taiwan cuando contaba con un año de edad. En su filmografía hay joyas como El maestro de marionetas o Millenium Mambo. Café Lumiére es su penúltima película, estrenada en 2004, y es un homenaje al gran director japonés Yasujiro Ozu. Es una obra muy poética con gran protagonismo de los encuadres fijos -los personajes se mueven a través de estos como producto de una ilusión- , la ausencia de primeros planos -a veces los rasgos de los protagonistas apenas pueden ser intuidos,-, el silencio de los personajes -parecen convivir con un mundo interior inabarcable e inabordable por el espectador-, y la luz -que parece atravesarlos. Rodada en Tokyo y con equipo japonés, el director taiwanés nos cuenta la historia de la joven Yoko -interpretada por la cantante pop japonesa Yo Hitoto- quien está escribiendo un libro sobre un músico taiwanés del siglo XX, ya fallecido -es magnífica la escena en casa de la viuda hojeando fotos antiguas del músico. La relación con su familia -tras una impactante noticia que determinará el rumbo de sus vidas Yoko vive como en una burbuja y su padre intenta desvincularse de todo, presentando un semblante esquivo y hermético, mientras que la madre intenta actuar de puente configurando una presencia familiar totalmente contrapuesta a la imagen propuesta de la juventud en Millenium Mambo-, con su amigo -que trabaja en un proyecto de ferrocarriles y graba los sonidos de los trenes por la ciudad y que está enamorado platónicamente de Yoko-, y con su pasado -vuelve a la estación desde donde ella partía hacia el instituto y evoca recuerdos casi milenarios-, hacen de Yoko -a veces parece preocuparle sólo la posibilidad de acabar trabajando en una fábrica de paraguas- el auténtico centro visceral de la historia. La joven busca un hipotético café donde acudía el músico taiwanés al que investiga -café Dat-, así mismo ella busca tranquilidad y sosiego en otro café con grandes ventanales -ninguno de los dos cafés se llama Lumiére-, y no me pregunten por el título porque desconozco la intención del mismo. En definitiva, una obra de gran belleza y plena de virtuosismo cinematográfico.

lunes, 7 de abril de 2008


El día de todas las almas,
de Cees Nooteboom.

El prisma óptico del presente:
"Siempre estáis atados a vuestro propio tiempo, lo que oís son ecos, lo que véis son reverberaciones, nunca la insoportable imagen completa, imposible de sobrellevar. Y, sin embargo, todo ha ocurrido realmente y no falta nada, ninguna acción, ningún anónimo acontecimiento que se haya vuelto invisible."

El conocimiento como fuente de realidad:
"El mundo con el que nosotros tenemos que ver, en cualquier caso, la suma de todo lo que ocurrió alguna vez, aunque a menudo no sepamos qué ocurrió, o algo de lo que pensábamos que había sido de tal o cual manera resulta que fue en realidad de manera muy distinta; descubrir lo que aún no sabíamos o corregir aquello de lo que teníamos un conocimiento erróneo, ese es el trabajo de los historiadores de esos raros escudriñadores que se pasan toda su vida mortal pendientes de una sola persona o de una parte de la historia. Naturalmente puedes preguntarte: ¿supondrá eso alguna diferencia para el transcurso de la historia universal?"

La caída del muro:
"Aquí no sólo habían cambiado todas las reglas del juego, no, de repente el propio juego había dejado de existir, las personas habían sido desposeídas de sus vidas, cada aspecto de esas vidas -periódicos, costumbres, organizaciones, nombres- habían cambiado, cuarenta años habían sido estrujados de pronto hasta convertirse en un rebujo de papel, y con ellos también el recuerdo de una época se había desgarrado, deformado, enmohecido. ¿Se podía soportar algo así?"

Berlín, un personaje más de la novela:
"Arthur Daane ha desplegado el gran mapa de la ciudad sobre el suelo, el mapa de la ciudad esquizoide, pero eso no importa, no ha cambiado tanto, sólo tienes que eliminar con la mente esa gruesa línea rosa con sus ángulos arbitrarios que indicaba dónde empezaba el reino de los otros."

El mundo interior de Daane:
"¿Qué hacía realmente? ¿Qué había de característico en lo que hacía? Que él dividía el mundo en un mundo público que casi siempre estaba relacionado con personas y lo que hacían o, mejor dicho, lo que se hacían unos a otros, y otro en el que el mundo tal y como él lo llamaba, pertenecía a sí mismo."

La selección de recuerdos -una reflexión que recuerda al relato de Borges "Funes el memorioso":
"... es imposible retener el pasado como pasado. Tampoco lo haces en tu propia vida, no habría quien lo soportara. ¿Te imaginas que tus recuerdos tuvieran que durar lo mismo que los propios acontecimientos? No te quedaría tiempo para vivir, y eso no es lo que se pretende, creo yo, si el pasado no pudiera desgastarse, no se podría continuar."

La pintura, la inmortalidad...:
"Vermeer, ese misterioso pintor, había hecho algo con las mujeres neerlandesas, había embrujado su sensatez, sus mujeres regentaban mundos ocultos y cerrados en los que no se podían entrar. Las cartas que leían contenían la fórmula de la inmortalidad."

viernes, 4 de abril de 2008


La señora Dalloway,
de Virginia Woolf.

"La hierba estaba llena de florecitas rojas y amarillas, como lámparas flotantes, había dicho él, y charlaron por los codos y se rieron, inventando historias. Pero de repente, cuando estaban junto al río, Septimus dijo: "Ahora vamos a matarnos", y la miró con una mirada que ya había visto en sus ojos cuando pasaba un tren o un ómnibus; una mirada de fascinación; y ella sintió que se le escapaba y lo sujetó por el brazo."

"Sí, se acordaba de Regent´s Park; la gran avenida completamente recta; a la izquierda la casita donde se compraban globos; una estatua absurda con una inscripción en alguna parte. Buscó un sitio vacío. No quería que nadie fuese a molestarlo (sintiéndose, como se sentía, un poco somnoliento) preguntándole la hora."

martes, 1 de abril de 2008



Alphaville,
una extravagante (o extraña) aventura de Lemmy Caution,
de Jean-Luc Godard.

Como bien reza el subtítulo de la peli, este disparate realizado por Godard y que en 1965 ganó el oso de Oro en Berlín, es un cúmulo de extravagancias visuales, de guión, diálogos, etc., absolutamente absorbente. Si a esto añadimos por un lado la presencia en el reparto de la que por entonces era su mujer la noruega Ana Karina -de una belleza turbadora- y la espantosa presencia física del protagonista Eddie Constantine -un contraste mortal-, y por otro la desconcertante banda sonora de Paul Miraski, obtenemos un cocktail alucinante de obligada visión.
Lemmy Caution llega a Alphaville -más allá de los paises exteriores- disfrazado de reportero en misión de espionaje tras los fracasos de Dick Tracy y Flash Gordon. Un científico loco controla a todos los habitantes de la ciudad por medio de su computadora alpha 60 -un montón de placas de hojalata con bombillas rudimentarias que crujen y se encienden a la par-. En su camino se cruza la hija del científico loco, Natacha von Braun, a quien Lemmy recurre para conseguir una entrevista con su padre pero ésta reconoce no haberlo visto jamás aunque se lo preguntará (?). Tras esta singular trama se esconde una burda crítica al sistema comunista o al capitalista, yo qué sé, donde los sentimientos son penalizados con la ejecución -alguien lloró la muerte de su mujer y fue sentenciado a muerte. Los primeros planos son sobrecogedores, Lemmy mira fijamente al espectador mientras esboza sus absurdos comentarios, la máquina lo interroga y Lemmy hace gala de tal inteligencia que la máquina no sabe cómo actuar frente a sus lúcidas (?) respuestas. Hay mucha experimentación técnica con uso de negativos, contrapicados, enfoques rarísimos, y una escena magnífica donde se resalta la belleza de Karina -aunque engalanado con un pretencioso diálogo para besugos-, una Karina que resulta enigmática hasta contando un chiste muy malo. Al final Lemmy se los carga a todos y huye con la chica por la autopista galáctica.
Aquí el trailer original de la peli:
La escena de Anna: