domingo, 4 de septiembre de 2011

Corrección, de Thomas Bernhard (IV. Una carcajada y Fin de la primera parte La buhardilla de los Höller.)

1. Elaboración.
Estaba claro que Roithamer había legado su trabajo intelectual (inacabado) al narrador simplemente para aniquilarlo (al igual que el padre de Roithamer había legado a éste Altensam para aniquilarlo). El gran error de los que elaboraban los trabajos intelectuales de los demás a partir de sus notas y sus estudios era precisamente el de pretender la elaboración cuando realmente lo que hacían era aniquilar el trabajo intelectual en lugar de elaborarlo. Así el narrador nunca llevaría a cabo la elaboración del trabajo inntelectual de Roithamer A saber, el narrador disponía de tres versiones del trabajo intelectual de Roithamer titulado:
De Altensam y todo lo relacionado con Altensam, con consideración del Cono.
Así:
- Una primera versión de 800 páginas.
- Una segunda versión, corregida, de 300 páginas.
- Una tercera versión, doblemente corregida, de 80 páginas.
Y era conocido que Roithamer pretendía realizar una cuarta y última y definitiva versión del trabajo intelectual que quedaría definitivamente en apenas 20 o 30 páginas.
2. El ave negra de Höller.
A medianoche el narrador repara en que el taller de Höller tiene la luz encendida. Desde la buhardilla observa cómo trabaja el taxidermista en un ave negra enorme y espantosa a la que está rellenando de celofán. Es el momento que aprovecha el narrador para reflexionar sobre la falta de sueño de algunos individuos, unos individuos distintos a los demás que nunca, jamás, podrán dormir relajadamente ni descansar normalmente y entre los que se encontraban tanto Höller como él mismo.
3. La felicidad e infelicidad: la eterna insatisfacción del ser humano.
La felicidad es tratada en toda la obra bernhardiana como un imposible, como una burla quizás, como una utopía que tan sólo los crédulos pueden creer haber logrado. Quizás los límites entre la infelicidad y la felicidad sean indistinguibles en ocasiones, quizás la sensación de infelicidad colabore a la obtención de la supuesta felicidad -por ejemplo el infeliz se alivia con la ideación suicida-, quizás la felicidad no sea algo reconocido ni tan siquiera ansiado por el ser humano, tan sólo en su desconocimiento e insensata ambición: "Siempre lo imposible y, al quedarse con lo posible en el mínimo existencial, el individuo se encuentra siempre insatisfecho en lo más hondo. Sin embargo, se crea una y otra vez una situación de vida, probablemente porque realmente se ama la vida, tal como es. Siempre queremos algo distinto de lo que podemos tener, de lo que tenemos y de lo que nos corresponde, y por eso somos infelices. Si somos felices destruimos inmediatamente pensando, si somos como Roithamer y demás, ese ser felices, y enseguida somos otra vez infelices." Siempre pensé esto, que si Rachel Bilson accediera a tomar café conmigo enseguida querría tomar café con Mary Elizabeth Winstead.
4. No hay enigmas.
"Si unimos sin cesar todo lo que percibimos y, por tanto, vemos, y a todo lo que pasa en nosotros significados y enigmas, más pronto o más tarde tendremos que volvernos locos, pensé."
Pero realmente que cualquier cosa no sea un enigma no deja de ser un enigma, lo que nos lleva indefectiblemente a la locura total, una locura enigmática eso sí. Pero resulta lícito entrever ocultas traducciones en el comportamiento de la gente, aún más si pensamos que esa misma gente es incapaz de dar perfecta explicación a sus propios actos y pensamientos.
5. La ocupación exclusiva de nuestra propia identidad y, por decirlo de algún modo, formalidad de ser a veces nos reduce a una expresión desafortunada de la existencia.
..."esos pensamientos que se ocupan del estado de los otros alivian siempre el estado propio."
6. La carcajada: juego de espías.
El narrador está "espiando" a Höller en su taller taxidérmico mientras que Höller espía al narrador en su buhardilla de los Höller (para él en realidad buhardilla de Roithamer), ambos con las luces apagadas. Antes ha aparecido, como por arte de magia, el Bernhard cómico (¿acaso no es Bernhard el autor más humorístico y dramático a la vez de la historia de la literatura convirtiéndose en lo que podríamos definir como autor "dramatico-humorístico inverosímil"?), cuando el narrador tropieza y arma un gran escándalo y hace que Höller suba a ver qué ha pasado y abra la puerta y el narrador lo despide sin más y Höller se marche sin más ("Se asombró de que yo no estuviese aún en la cama, sino levantado y vestido. Sin decir palabra, después de ayudarme a colocar el perchero, salió otra vez de la buhardilla."). Pero cómo se va a asombrar si lo estaba espiando desde la ventana de su taller, toda la noche ambos espiándose, el uno en la buhardilla dando vueltas con los pies descalzos para no armar jaleo y el otro rellenando de celulosa su ave demencial con celofán, en la oscuridad, para no ser observado.
Pero antes acontece el hecho de la carcajada, esa carcajada que el narrador suelta cuando ve caer de la mochila gran parte del legado de Roithamer y el narrador entonces la recoge tal cual ha caído al suelo y la guarda de cualquier forma en el baúl, desordenadamente, dándose cuenta de inmediato el narrador que el desorden que acaba de producirse impedirá definitivamente la labor de examinar y ordenar el legado de Roithamer, fruto de cuya conclusión sucede la carcajada ("por qué había apagado Höller la luz precisamente en el instante en que yo había soltado la carcajada, poco después de mi carcajada se había pagado la luz en el taller de los Höller"). Diste la carcajada y ya no encendió más la luz porque se di cuenta de que lo espiabas y entonces decidió espiarte también a ti, es por eso que se sorprendió porque hasta entonces no sabía que lo espiabas y ahora el también te espiará a ti y tú no dejarás de espiarlo igualmente.

Fin del comentario de la primera parte 1. La buhardilla de los Höller.

2 comentarios:

kovalski dijo...

¿Cuánto va a durar esto?

kovalski dijo...

no sea impaciente sr kovalski-máscara de No, Bernhard requiere su tiempo, saludos