sábado, 12 de febrero de 2011

El estado de las cosas, de Wim Wenders (1982)


Capítulo II sobre la filmografía de Wim Wenders.


Der Stand der Dinge. The state of things. El estado de las cosas. 1982. 117 min.


No tengo ninguna bibliografía relativa al cine de Wenders (lo cual pondrá de relieve mis carencias pero también dará una visión desprovista de prejuicios de su obra), así que contaré cómo llegué al interés por ella. Si bien yo ya conocía desde hace muchos años a este director (no obstante había visto varias pelis como El cielo de Berlín, Tan lejos, tan cerca, París, Texas, El hotel del millón de dólares o la propia Lisbon Story, e incluso sus más recientes y brillantes Tierra de abundancia y Llamando a las puertas del cielo) realmente no había profundizado en sus años "alemanes". Fue leyendo la monografía de Andrew Horton sobre Theo Angelopoulos donde leí en el capítulo "Angelopoulos y el cine europeo": "Las semejanzas e influencias, como veremos más adelante, son muchas, pero comencemos con uno de ellos: Wim Wenders. James Quandt (que no sabemos quién es pero debe ser un tío listo) ha señalado que tres de las películas de Angelopoulos - Viaje a Citera, El apicultor y Paisaje en la niebla- forman parte de una ambigua trilogía de la carretera que tiene bastantes semejanzas con la trilogía de Wim Wenders compuesta por Alicia en las ciudades, Momento equivocado y Reyes del asfalto. "La visión que tiene el director griego de su país, indica Quandt, con sus cines clausurados, su juventud sin horizontes y sus ancianos desilusionados, sus pueblos sin rostro y sus autopistas, coincide con la visión que tiene Wenders de Alemania."
Bueno, esto es un rollo, pasaré a escribir sobre la peli que nos ocupa.
En primer lugar: gran peli, película extraordinaria. León de oro en Venecia en 1982.
Es una película muy cinematográfica -muy agradecida para el crítico y para el espectador-, y que versa sobre el cine mismo. Una suerte de Ocho y medio de Fellini o de La noche americana de Truffaut, pero con el claro acento Wenders.
Los primeros 9 minutos de la película nos adentran en un escenario post-apocalíptico en el que discurren algunos supervivientes (The survivors). Pretenden llegar a la playa ("llegaremos a un lugar donde permanecer") pero se van derritiendo por el camino. Van ataviados con máscaras, portan a los niños -alguno queda en el camino-, y Mark -el invulnerable- los conduce finalmente a una playa paradisíaca y desierta. Allí asistimos al corte del director. La imagen, una suerte de blanco y negro donde los tonos grises son sustituidos por tonos arcillas y ocres, da paso al más académico blanco y negro de la peli de Wenders.
Un director alemán, Fritz Munro (Patrick Bauchau), está rodando su primera película con dinero americano. El productor, Gordon, ha desaparecido y el metraje de la película se ha terminado cuando aún quedan escenas por rodar. El cámara Joe (Samuel Fuller) -quien tiene a la mujer con un ataque de apoplejía en un hospital de Los Angeles- le confiesa a Friedrich que llevan dos días rodando con los restos de película sobrantes.
Comienza la búsqueda de Gordon (Allen Garfield -hay una discusión muy graciosa respecto a un tal Garfield que actuaba en una peli de ladrones entre Gordon y el chófer de su caravana-) -como en todas las pelis de Wenders hay una búsqueda, sin ir más lejos la del reaparecido director Fritz Munro en Lisbon Story de 1984 como expatriado-, es una búsqueda concreta, no existencial, no se trata de una búsqueda mística ni de la propia identidad (no estamos ante un Stifter), en realidad ¡buscan al productor para que siga soltando los cuartos!
Esa noche Fritz suelta un discurso al equipo técnico y a los actores. Explica que están esperando el regreso de Gordon para poder seguir filmando. La estrella de la película, Mark, se entretiene sumergiéndose en el baño, a veces se rueda así mismo en esa actividad. También comparte momentos íntimos con la actriz francesa -a quien Fritz le ha prestado un libro, The searchers-. Ella le dice: "nuestra relación es como un deja vu, nada va a sorprendernos en muestra relación".
Las hijas de Fritz hablan en la playa sobre el cine de ciencia ficción, siempre trata sobre el espacio.
La acción -digamos que la inacción, el equipo de rodaje espera la llegada de Gordon matando el tiempo- se desarrolla en un hotel en la costa de Sintra. Nos viene a la mente el rodaje de la segunda película de Paul Auster como director, La vida interior de Martin Frost, una obra irregular cuyo mayores méritos eran el título y los exteriores de la mencionada ciudad lisboeta (hasta Irene Jacob hacía aguas, demonios). Esta situación de espera -a la par que se realiza la búsqueda- también nos conduce a la venidera Sonatine de Takeshi Kitano, donde una banda de gánsteres espera en un chalet de la playa a la espera de nuevas órdenes del jefe del clan (por cierto, Kitano también ganaría el León de oro en Venecia en 1997 por Hana Bi Flores de fuego).
El simple hecho de ver las imágenes de la ciudad, esa casa palaciega propiedad de Gordon donde Fritz encuentra a Denis el Manitas revisando pruebas de rodaje y los titulos de créditos así como la biografía del propio Fritz, mediante un rudimentario ordenador, esas calles, esa estación de tren, con el corazón palpitante entre los dos castillos de Sintra, el Nacional y el de Pena, me emociona, me acuerdo de mi visita en 2003 y también de la excentricidad de William Beckford, quien decidió restaurar un viejo palacio aquí mismo.
En esa parte la película encierra algunos puntos brillantes. Cuando Joe pide a Mark que le lleve al aeropuerto (se marcha a Los Angeles, su mujer ha muerto), éste le pregunta "¿Se va por mi actuación?". Antes de marcharse le dice a Fritz que cuando llegue Gordon con la pasta le avise que él volverá en 12 horas para ponerse tras la cámara.
La música de Jurgen Knieper (también colaboró con Wenders en El miedo del portero al penalty de 1971, El amigo americano, 1977, y luego en El cielo sobre Berlín de 1987, entre otras) es electrizante. Basada en simples acordes que salen como agónicos desde un órgano ochentero Knieper envuelve la iamgen de una forma casi quimérica, onírica , dotando a las escenas del mismo aire de irrealidad que impregnaba la propia peli de ciencia ficción de Fritz, The survivors.
Llega el momento inaplazable en el que Fritz decide ir hasta Los Ángeles para buscar definitivamente a Gordon. Es la segunda parte de la película. Qué pasa con Gordon. Parece que blanqueaba dinero. Tiene algunos asuntos turbios. "No sé de Gordon más que el resto", le confiesa Joe, "Nadie quiere contarme nada", dice desesperado Fritz. La financiación de la peli también esconde algunos secretos que no voy a desvelar. La escena de la persecución vista desde un piso alto es magistral. Luego encuentra a Gordon por casualidad en la caravana de su nuevo amigo.
Hay guiños a John Ford. Más que guiños son homenajes. El libro que Fritz presta a la francesa es The searchers, la novela de Alan Le May sobre la que Ford se basara para su peli (en España, Centauros del desierto, con John Wayne y una jovencísima Natalie Wood). También Horton ve semejanzas entre Ford y Angelopoulos, y de rebote añado yo que con Wenders. Ford rodaba en aquellos eternos exteriores de Monument Valley, algunos dicen que para estar bien lejos de los productores californianos. Es una especie de liberación del escenario habitual, tal y como le pasa a Angelopoulos cuando rueda en la Grecia más desconocida y rural. Wenders se ha ido a Sintra. También cuela algunas imágenes de Lisboa, la francesa lee en el tranvía y también la formidable escena en la taberna donde coinciden Joe, la francesa y el guionista Robert (el guión de El estado de las cosas está coescrito por Wenders y Robert Kramer).
Robert tiene una presencia muy cómica cuando explica, mientras tiende ropa junto al guitarrista de country del bigote, su infancia en California, sus problemas dentarios y del habla. Cuando Fritz está en Hollywood buscando a Gordon pasa por una sala de cine (un cine club se supone) donde proyectan The searchers de John Ford. Otro guiño cinéfilo es cuando Fritz se posa sobre la baldosa de su tocayo Lang en el paseo de la fama.
La guapa y joven violinista ensaya lo que parece ser una sonata del belga Ysaye, con evidentes ecos bachianos. Los primeros ensayos suenan fatal, con una desafinación bastante molesta. La cosa mejorará un poco después, cuando toca al aire libre. Es el personaje más aislado e incomunicado de todo el elenco. Así mismo el estaff de la peli es como una torre de Babel. Se habla el alemán, el francés, el inglés.
La noche después del discurso (the speech) de Fritz en Sintra la pasan algunos miembros del equipo con insomnio. La violinista se desespera, duerme desnuda y Wenders aprovecha para crear un bonito e insinuante plano. Ella decide dejar de intentar dormir y enciende la radio. Suena una música orquestal. Sólo se escuchan unos breves compases. Parece algo de Arvo Part, o al menos de ese estilo. Joe en su insomnio bebe whisky y fuma. Denis el manitas manipula lo que parece ser un emisor de radio. Denis terminará ser la respuesta a algunos interrogantes. Cuando Fritz lo encuentra en la casa de Gordon en Sintra Denis le dice "intentaste boicotear el proyecto desde el principio". Creemos que se refiere a la elección de Fritz de rodar en blanco y negro. También le dirá Denis: "Rodar películas es un suicidio". Un comentario que enlaza con otro que más tarde en Los Angeles le dirá el propio Fritz a Gordon: "Todas las películas tratan sobre la muerte".
Cuando Gordon y Fritz huyen por las calles de Hollywood durante toda la noche -a esas alturas Fritz sabe que la peli nunca se terminará y que Gordon no tiene un duro, aunque tampoco sabe de quién ni por qué huyen- Gordon le cuenta cuando unos prestamistas americanos se interesaron por la peli y le enseñó las pruebas de rodaje. "¿Qué pasa con el color?", le dijeron, "Parece como si fuera en blanco y negro". Gordon se parte de risa, no es que parezca en blanco y negro es que ES en blanco y negro. Con lo cual el proyecto no suscitó más interés entre los inversores.
"La vida es en color pero el blanco y negro es más realista", le dice Joe a Fritz en un momento de la peli, antes de viajar ambos por separado a Los Angeles.
Kate, la mujer de Fritz instruirá a una de sus hijas al borde de un acantilado, en lo que parece ser un paisaje propio de Cascais: "Todo es cuestión de claros y oscuros", refiriéndose a la naturaleza y al dibujo que intenta realizar desde aquella privilegiada situación.
El narcisista Mark se apunta al tema blanco y negro versus color: "en blanco y negro se ven las cosas más claras".
La propia peli de Wenders es en blanco y negro y es una peli de un autor alemán -aunque no es una peli americana sino europea-. Es una especie de juego retórico el que nos plantea Wenders, un juego de espejos muy inteligente.
La actriz francesa parece ser la auténtica canalizadora del impulso creativo de Fritz. Ella escribe en una cuaderno algunas notas ("Un raro sentido del tiempo", le asalta en Lisboa).
Hay una extraña escena en la que "el tronco seco del enebro" entra por la ventana rompiendo todos los cristales de la habitación de Fritz (un reflejo de un pasaje de la novela The searchers). Bueno, la peli está repleta de detalles fascinantes. Sólo puedo animar a su visión. No lo lamentaréis. Por cierto, el final es impactante.

1 comentario:

Anónimo dijo...

muchas gracias, una gran review.