viernes, 4 de febrero de 2011

Tokyo-Ga, de Wim Wenders (1985)


Érase una vez un documental que el cineasta alemán Wim Wenders (1945) había rodado en 1985 en la ciudad de Tokyo. Digamos que Wim Wenders se fue a Tokyo para encontrar el "Tokyo de OZU", digamos que se fue a Tokyo, cámara en mano -si bien llevó a su propio operador, no nos engañemos, los créditos así lo demuestran-, para buscar la esencia de las películas de su admirado director de cine japonés Yasujiro Ozu. Ya desde el comienzo habla de las películas de Ozu como de un tesoro. Bueno, pues Wenders se mete en un avión pero no ve la peli que proyectan -como siempre-, pero termina viéndola -como siempre-, aunque sin voz. En las imágenes -difuminadas por la situación escorada del asiento de Wenders- nos parece reconocer a Henry Fonda y Katherine Hepburn, posiblemente esté viendo En el estanque dorado. Wenders reflexiona sobre lo impostado de la creación fílmica, sobre su artificiosidad, puesta de relieve sobremanera ante la ausencia de sonido.
El niño rebelde.
En el aeropuerto Wenders filma a un niño malcriado que se arrastra por el suelo obligando a su madre a ir tras él, levantándole una y otra vez. Wenders cree reconocer en ese niño insoportable a algunos niños rebeldes de las pelis de Ozu.
El cementerio de cerezos en flor.
Lo primero que hace Wenders al llegar a Tokyo es ir a un cementerio donde hay un paseo rodeado de cerezos en flor y donde se reúnen comensales -en traje ellos, bien vestidas ellas, como si fueran todos ejecutivos- para comer o merendar en el suelo, sobre un mantel improvisado. Es todo tan extraño, me digo, debe parecerle todo tan extraño a Wenders, me digo también.
La calle, el juego de bolas.
Wenders filma una calle comercial en Tokyo, es una calle estrecha, la filma con dos objetivos diferentes, todo cambia según el objetivo. Hay un establecimiento infernal repleto de máquinas de juegos alineadas uno junto a la otra, hasta decenas llegan a contarse. Los jugadores están idiotizados frente a sus respectivas máquinas, jugando con unas bolas metálicas que deben sortear unos clavos y llegar a un objetivo, la mayoría de ellas salen sin éxito. Se nos escapa el sentido del juego, es una suerte de pinball pero muy alejado de lo que son las máquinas de marcianitos que por aquella época ya existían en nuestro país, y seguro que mucho más avanzadas en Japón. Al final del juego los jugadores recogen las bolas ganadas y las canjean por vales -ilegales- que a su vez canjean por regalos -o por dinero en comercios ilegales, que todo el mundo conoce-. El juego se llama pachinko.
Golf en azoteas.
Wenders visita la azotea de un edificio. Allí se juega al golf. Pero es un golf muy particular. Como dice Wenders, la esencia del juego -introducir la pelota en un hoyo- se ha perdido. Los golfistas -trajeados- descargan su pad contra una bola cuyo objetivo es dar en una diana. Sólo uno, en un lugar casi escondido intenta meter la bola en el hoyo, pero es un golpe muy fácil -nunca lo logrará.
Entrevista con Chishu Ryu.
Wenders se entrevista con el actor fetiche de Ozu: Chishu Ryu. Ryu hizo papeles normalmente de gente mayor que él. El problema no era sólo actuar como un anciano, sino parecerlo. Yo creo que aquí la traducción es errónea, supongo que Ryu quiere decir que lo importante no sólo es la apariencia física de anciano -merced al maquillaje- sino la forma de moverse, de gesticular de un anciano. Wenders alaba las cualidades de Ryu pero éste contesta modestamente, le da todo el mérito a la forma de dirigir a los actores de Ozu. Yo simplemente hacía lo que me decía Ozu, viene a decir Ryu. Cuando varias señoras ya mayores reconocen a Ryu en una estación de tren éste saca del error a Wenders. No lo reconocen por sus pelis con Ozu, sino porque ha actuado recientemente en una serie de TV de éxito.
Lo americano.
Wenders se dirige a la inauguración del nuevo Disney de Tokyo. Está lloviendo. A medio camino Wenders cambia de opinión, no le apetece asisitir en Japón a un evento eminentemente americano. Se llega a un parque y qué se encuentra: una concentración de fans rockabilly que bailan al son de las canciones de Grease y van peinados con brillantina ellos y con coletas ellas. Wenders no puede escapar a la influencia americana. Pero la escena es de lo más grotesca. El movimiento de los jóvenes japoneses no deja de ser ridículo. Ellos parecen disfrutar. Wenders no escatima cinta para rodar estos bailes -torpes y arítmicos.
Encuentro con Herzog.
En esto que Wenders se sube a la torre de Tokyo y allí se encuentra con su amigo y compatriota el director de cine Werner Herzog. Herzog entonces hace un discurso sobre la búsqueda de imágenes puras y transparentes. Decide irse de viaje al espacio para conseguir tal fin, según él esto ya no es posible en la tierra.
Wenders le deja hablar. Luego Wenders confiesa a través de la voz en off que narra todo el documental que él busca esas imágenes puras en la tierra.
Entrevista con el cámara de Ozu.
Es el operador de cámara de Ozu durante casi toda su trayectoria profesional, primero como ayudante de cámara, luego como operador de cámara. Se vive un momento emocionante cuando confiesa a Wenders que cuando murió Ozu y él siguió trabajando con otros directores se dio cuenta de que Ozu se había llevado todo lo cerativo que él podía dar. Le aslatan las lágrimas y pide a Wenders que lo deje solo. Antes han visitado la tumba de Ozu en el cementerio de Kita-makura, sobre la que no hay nombre alguno, sólo un kanji escrito que significa la nada, el vacío. Wenders reflexiona sobre la nada, le aterra.
En esa conversación el operador de cámara de Ozu le explica a Wenders la forma de colocar la cámara casi a ras de suelo para planos largos y algo más elevada para planos más cercanos, con el uso de un trípode ideado por el propio Ozu. Aquella manera de rodar obligaba a este hombre a estar arrastrándose por el suelo durante todo el rodaje por lo que iba con una mantita a cuestas todo el tiempo.
El documental comienza con los créditos y primera escena de Cuentos de Tokyo (1953) y finaliza con la última escena de esta misma peli.
La banda sonora es del trío de jazz Dick Tracy que crea una música envolvente ideal por su indefinición y dispersión para el desarrollo de la película.
Algunas escenas:
Pachinko:
http://www.youtube.com/watch?v=rur5k3BCSI8
Kita-makura:
http://www.youtube.com/watch?v=sM7p1ROleZ4
Herzog:
http://www.youtube.com/watch?v=Olr46_F2L6U
Banda sonora:
http://www.youtube.com/watch?v=3F-0YRW1laM

Con este documental he comenzado la visión de películas de Wenders de los 70 y 80, de las que espero dar cuenta próximamente.

3 comentarios:

Mimí dijo...

no he visto muchas de sus películas, pero "El cielo sobre Berlín" se cuenta entre mis preferidas desde hace varios años. "Tierra de abundancia" también me gustó mucho ^^
Llegué a este blog buscando el cartel de este documental. Es un cineasta que me interesa mucho :)

kovalski dijo...

supongo que conoces entonces Tan lejos, tan cerca,la continuaión de Cielo sobre Berlín, a Tierra de abundancia le siguió una fenomenal Llamando a las puertas del cielo, lo último es una extraña peli-documental -no la he visto aún- sobre danza llamada Pina.Mi propósito es ir repasando su filmografía, en principio de su primera época pero supongo que al final revisaré su obra completa, saludos

kovalski dijo...

el trailer de Pina
http://www.youtube.com/watch?v=VaB5Nc0XNOY